Afganistán,  el país que trata a las mujeres como siervas medievales

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La violencia contra la mujer sigue siendo una pandemia global. La ONU cifra en un 35% el porcentaje de mujeres y niñas que sufren alguna forma de violencia física o sexual a lo largo de sus vidas. En algunos países la cifra sube al doble, al 70%.

Naciones Unidas puso en marcha este miércoles, 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer la campaña «16 días de activismo contra la violencia de género» que termina el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos para invitarnos a actuar, a ponerle fin.

En la actualidad en el mundo, más de 700 millones de mujeres se casaron cuando eran niñas, de las cuales 250 millones eran menores de 15 años. Las niñas que contraen matrimonio antes de cumplir los 18 tienen menos probabilidades de terminar su educación y más de sufrir violencia doméstica y complicaciones en el parto. Y si no hacemos nada las consecuencias perdurarán durante generaciones.

Uno de los países donde la desigualdad y el maltrato es algo cotidiano, arraigado y generalizado es Afganistán. Allí el problema “no son los talibanes ni el burka, es la violencia en casa”, asegura Mónica Bernabé, corresponsal del diario “El Mundo” en Afganistán y autora, junto con el reportero Gervasio Sánchez, del proyecto “Mujeres. Afganistán”, una exposición de fotografías y un libro en el que sacan a la luz esta realidad.

El proyecto se presentó en Madrid y contó con la participación de la ex-parlamentaria y política afgana Azita Rafaat y de María Cilleros, coordinadora de la Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA).

Azita Rafaat era una joven afgana que soñaba con estudiar medicina cuando su padre le dijo que tenía que casarse con su primo hermano y trasladarse a un pueblo, viviendo en unas terribles condiciones y sometida a una violencia constante. En pocos años tuvo cuatro hijas y sufrió las duras consecuencias de no haber tenido un hijo, culpabilizándola porque ello. En Afganistán lo importante es tener hijos varones que perpetúen el apellido de la familia.

Su empeño es recordar a otras mujeres que, en Afganistán, un hombre puede matar a su mujer y deshacerse del cuerpo sin que nadie pregunte por ella, que las mujeres todavía son encarceladas por delitos morales o que miles de ellas sufren violencia en el hogar después de ser obligadas a casarse con quien no quieren. “Las mujeres tenemos que formar una hermandad, no olvidarnos de que, aunque en Occidente las mujeres disfruten de sus derechos, de libertad, en otros lugares, hay “hermanas” que tienen una vida llena de dificultades”.

“Eso es lo que nos interesaba mostrar en el libro, con mujeres y adolescentes, casadas a la fuerza, maltratadas, violadas por familiares y obligadas a casarse con su violador”, afirma Mónica Bernabé que durante seis años viviendo en Afganistán y con las impresionantes fotografías de Gervasio Sánchez invitan a reflexionar y a seguir luchando por el respeto de los derechos humanos.

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