Art Pepper “You’d Be So Nice to Come Home To”

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El hecho de que el inigualable Charlie Parker fuera heroinómano , hizo que el consumo de esta sustancia se popularizara entre los músicos de jazz. Pensaban que, de esa forma, conseguirían alcanzar el nivel de “Bird”. Esto ha dejado historias muy duras en la vida de grandes intérpretes. Hoy contamos algunas de ellas

Si uno se pone a investigar en la biografía de los grandes músicos de jazz de los años 50, te encuentras con que todos, o casi todos, tuvieron su encuentro con la heroína. Es más fácil buscar las excepciones; y en otro artículo hablaremos de ellos, porque también hay historias curiosas detrás.

Pero hoy podemos comenzar hablando de Miles Davis, John Coltrane, Sonny Rollins, Bill Evans, Jimmy Heath, Bobby Timmons, Lee Morgan, Chet Baker, Ark Blakey, Gerry Mulligan, y un largo etcétera. Todos fueron adictos y esclavos de la heroína en algún momento de sus vidas. Aparte de los efectos devastadores que sabemos que produce en el organismo de quien la consume, y de las lamentables repercusiones en el entorno cercano y familiar de estos, había en aquellos tiempos un aspecto que hoy llama más la atención: consumir era un delito severo, que te llevaba, si te pillaban, a una clínica de desintoxicación estatal y a la cárcel, sobre todo si había reincidencia. Ese elemento de persecución policial, de criminalidad, tuvo su impacto en la vida de estos músicos, pues muchos de ellos pasaron largas temporadas en la cárcel, siempre en el momento álgido de sus carreras.

A algunos les significó mucho estar fuera del circuito. Por ejemplo, a Jimmy Heath, saxofonista apodado “Little Bird”, porque era de pequeña estatura pero también un virtuoso del saxo tenor. Prácticamente, se perdió la década de los 50, perdiendo también a su primera novia por sobredosis; y si bien alcanzó luego mucha notoriedad como interprete, como compositor, y luego como profesor, quién sabe lo que podría haber sido de no mediar esa década de interrupción adictiva.

A otros no les afectó en sus carreras, como al baterista Art Blakey, que mantuvo su banda “Art Blakey & The Jazz Messengers” durante más de tres décadas, y casi siempre en la cima, pero dejó tras de sí una leyenda negra. Dicen que Art controlaba bien su adicción, y eso hacía que muchos de sus músicos acabaran entrando y enganchados a la droga hasta convertirse en auténticas piltrafas. A Art le resultó un buen negocio contratar a grandes músicos, sacar lo mejor de ellos, y luego, despedirles sin indemnización, por incumplimiento de contrato, cuando estos ya sólo obedecían las ordenes de la heroína. Así parece que sucedió con Bobby Timmons, pianista y un pedazo de compositor, o Lee Morgan, uno de los mejores trompetistas de los 50.

La vida en las cárceles o centros de desintoxicación tampoco era fácil, y leyendo las biografías de los grandes te encuentras con llamativas anécdotas carcelarias. A mi me gusta una de Jimmy Heath.: el centro en el que estaba era, a su vez, un centro de experimentación contra la drogadicción, y contaban con monos para hacer pruebas. Pues bien, cuenta Jimmy que los monos que habían superado el síndrome de abstinencia eran capaces de suicidarse antes de volver a probar la heroína. Tenían pues, un sentido de “responsabilidad” mayor que el Hombre, haciendo valer el dicho de que el Hombre es el único animal capaz de tropezarse dos veces con la misma piedra. ( No se si lo de “tener el mono” pudo tener su origen en estos experimentos).

descarga-5Una historia tremenda es la de Art Pepper, un magnifico saxofonista alto californiano, representante con Chet Baker, Mulligan y Dave Brubeck del “West Coast Jazz”, tan popular en los 50 y 60. Art estuvo enganchado más de veinte años. Capaz en los 50 y 60 de compaginar la grabación de discos maravillosos con una vida cada vez más miserable, pasando por varias cárceles, incluyendo una estancia de 3 años en la temible San Quintín, múltiples divorcios y peleas con sus esposas, trapicheos y atracos de poca monta en tiendas y supermercados para poder financiar su adicción.

Viendo, por ejemplo, la portada de uno de sus mejores discos “Art Pepper meets the Rhytm Section” , tan guapito él, no puede uno imaginarse el tipo de vida tan lamentable que llevaba. Al final, pudo por fin desintoxicarse en los 70, y escribió junto con su cuarta y definitiva esposa una autobiografía memorable: ”Straight Life: The Story of Art Pepper” (1979) ; un relato duro, directo y abrumador sobre el mundo de la música y de las drogas. En este libro cuenta cómo fue la grabación del disco que he mencionado antes, con la Base Rítmica de la banda de Miles Davis.

descarga-3Hay un tema en este disco súper famoso, llamado “You´d be so nice to come home to” que, tocado por Art suena mágico. Tanto que siempre pensé que era un tema original suyo. En realidad, es de Cole Porter. El día de la grabación estaba en casa, durmiendo. Le avisa su mujer para decirle que le ha conseguido una grabación dirigida por Les Koenig (antiguo productor de cine bastante famoso). Se levanta, se chuta, se carga el saxo intentando limpiarlo, lo pega cómo puede y se va para el estudio, chillándole a su mujer por meterle en semejante lío. Llega al estudio, saluda a los chicos de Miles y se queda en blanco. Red Garland, el pianista, le dice: “Hey, que te parece si tocamos esta canción”. Solo la grabaron una vez. Ya está. No hicieron falta más. Os dejo la grabación para que lo escuchéis. Art Pepper.

photoJavier Pérez-Nievas Montiel.

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