Bill Evans, el “impresionista” del jazz

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Hace unas semanas comentábamos la importancia que había tenido Art Tatum en la historia del jazz, refrendada por esa primera posición como pianista más influyente en varias encuestas profesionales a lo largo del siglo XX.

Esas mismas encuestas, también preguntaban a estos músicos qué pianista era el que más les gustaba. Para esta segunda pregunta, la respuesta era otra. El que más gustaba era Bill Evans. En el artículo de hoy ahondaremos en la figura de este músico genial y único. Nos preguntaremos cómo fue posible que alguien que sonaba más a Debussy o a Satie que a otra cosa, consiguiera ser una figura del jazz, ganando hasta siete Grammys, y lo haremos a través de sus más grandes contribuciones. De paso, mostraremos cómo el Destino, como con todos, también jugó con Bill.

Curioso: Bill Evans nació el mismo día que mi madre, un 16 de agosto; y murió un 15 de septiembre, que es el aniversario de boda de mis padres. Pero no tenía el carácter de mi madre, típica Leo. Si mi madre viviera, me diría que habría que ver su ascendente astrológico pues Bill, más que Leo, parecía Cáncer, por su extrema sensibilidad. De padre de ascendencia galesa y madre de origen ruso, desde muy niño vivió de cerca la música. Para esquivar los frecuentes ataques de ira del padre, Bill y su hermano Harry pasaban largas temporadas en casa de unos tíos por parte de madre. Su tío tenía un piano, y pronto su hermano Harry comenzó a recibir clases. Bill se aproximó a la música con cierta naturalidad, siempre atento a las clases de su hermano mayor, y aprovechando eso que oía para tocar por su cuenta.

Hizo los estudios universitarios de Música y Didáctica Musical en el sur, cerca de Nueva Orleans. Fue un estudiante modelo, a la americana: brillante en lo académico, además del piano tocaba otros muchos instrumentos, era el “quarterback” titular del equipo de fútbol americano de su universidad, jugaba al golf como un profesional, y era miembro de la fraternidad Phi-Mu-Alpha. Llegó a figurar en el “Who is Who” de los estudiantes norteamericanos en 1950 . Su formación académica fue eminentemente clásica y muy influenciada por los grandes músicos europeos, pero tenía ciertas características que le aproximaban al jazz. Bill tenía una sorprendente facilidad para leer las partituras con rapidez, lo que le permitió tener multitud de trabajos locales como pianista en fiestas y celebraciones. Pero lo más importante es que amaba la improvisación. Él mismo lo comentaba, hablando de su primera experiencia improvisando en una de estas fiestas, mientras tocaba “Tuxedo Junction”: …”No figuraba en la partitura pero, aun así, yo lo había hecho. La idea de tocar algo en lo que nadie había reparado me abrió las puertas a un nuevo mundo”. Años más tarde seguía justificando la improvisación como la única forma de trasladar lo que el intérprete siente en cada momento, y que eso era lo realmente importante de la música. Por último, su inseguridad hacía que Bill , muchas veces, se viera a si mismo demasiado sentimental. La música y el ambiente del jazz le sirvieron de contrapunto, y eso le hizo amar este tipo de música desde su juventud.

Al piano, se notaba su formación clásica. Utilizaba el peso de sus brazos para atacar las notas y usaba los pedales más de lo que se tenía por costumbre. Tenía un sonido puro, cristalino, con notas que podían ser larguísimas y unas construcciones armónicas llenas de matices. En los conciertos se sentaba al piano como si estuviera imitando la postura de una mantis religiosa y, cuando se encontraba inspirado, iba bajando la cabeza hasta prácticamente rozar el teclado. Un crítico decía algo así como que si Bill Evans quería trasladar a las teclas las emociones que pasaban por su cabeza, con esa postura seguro que lo iba a conseguir.

Para hablar de sus contribuciones, nos pararemos en dos momentos concretos, hitos de la música jazz. El primero, su relación con Miles Davis y su aportación al Cool Jazz y en concreto al disco “Kind of Blue” comentado hace un par de semanas. Miles llevaba un tiempo dándole vueltas a que necesitaba un pianista que gestionara bien las notas y los silencios, más que el ritmo. Su primera percepción de que esto era posible fue con Ahmad Jamal, pero enseguida entró Bill en su vida. Miles le preguntó a George Russell ( el de la teoría modal) si conocía a algún pianista para su grupo. George le recomendó a Bill.

  • “-¿es blanco?- preguntó Miles
  • -Si- respondió Russell
  • -¿lleva gafas?
  • -Si-
  • -Ya sé quién es ese hijoputa. Lo vi una noche en el Birdland, y vaya si toca. Tráemelo el jueves por la noche al Colony, en Brooklyn, para una prueba.”
  • Y así comenzó su relación.

¿Qué más buscaba Miles, para “Kind of Blue”?. Su gran idea era mezclar el ritmo, el sonido y el temperamento afroamericano con el lirismo europeo. Siempre le gustaron los contrapuntos. Y Bill Evans se convirtió en el hombre en la sombra del disco, imprimiéndolo de su carácter melancólico, triste pero también muy lirico . Esta fue su primera gran contribución, en este disco y en muchos otros. Tal es así que, aunque Miles registró todos los temas, Bill siempre defendió – eso sí, sin vehemencia alguna- que “Blue in Green” fue una composición suya. Miles Davis le dio, muchos años más tarde y con cierta sorna, 25 dólares en compensación por los royalties no cobrados. Pero no sólo eso: unos meses antes, Bill compuso una maravilla impresionista llamada “Peace Piece”, surgida como una toma improvisada a partir de otro tema que iba en el disco que estaba grabando, “Some other Time”, de Leonard Bernstein. A partir de las notas del inicio, Bill se dejó llevar por un camino que parece que te hace volar. Miles debía haber oído hablar de ella, y hablaron para que la tocara para “Kind of Blue”. Si escuchamos este tema veremos que el comienzo de “Flamenco Sketches”, último corte de “Kind of Blue”, es exactamente igual a “Peace Piece”.

La segunda gran contribución fue la aportación innovadora que Bill hizo del concepto de Trío ( piano, contrabajo y batería) en el mundo del jazz, y que tienen su punto álgido en las históricas grabaciones en el club Village Vanguard junto con el contrabajista Scott Lafaro y el baterista Paul Motian, en junio de 1961. Para Evans, el objetivo era que cada músico tocara su instrumento como si cantara. En lo que respecta al contrabajo, Evans le cedió el papel de tocar la nota tónica, liberándolo de su papel de mero metrónomo. Esto derivó en la búsqueda de improvisaciones simultaneas de todos los músicos, como un dialogo, con mucha interacción, en donde todos eran protagonistas, más que en una sucesión de solos. Encontró en Scott y Paul los músicos perfectos para ejecutar estas ideas, que llamó “composición simultánea”. Sobre todo, lo consiguió con el jovencísimo Scott Lafaro.

Pero lo sorprendente es que este encuentro fue muy casual. Bill estaba tocando con su trío, con otros miembros, en un club de la calle 49, el antiguo casa Cugat ( por Xavier Cugat). Como coincidían con el famosísimo Benny Goodman, que estaba viviendo una segunda juventud, nadie les prestaba mucha atención. En esas condiciones, los músicos le duraban poco a Bill. Al final recurrió a su amigo Paul, y un día apareció Scott, al que no conocían, y que estaba tocando en un club a la vuelta de la esquina. Se apuntó y se quedó.

Posiblemente, lo que grabaron esos días en el Village Vanguard estos tres músicos constituya el más elevado y refinado ejemplo de compenetración en la música jazz. Lamentablemente, no pudo tener continuación. Diez días después de las grabaciones en el Village Vanguard, Scott Lafaro conducía hacia casa de su padre, tuvo un accidente, y murió en el acto. Tenía 25 años. El impacto que tuvo sobre Bill fue bestial. Se recluyó en su casa, no tocó durante un año. En su biografía cuentan que se le veía paseando por Nueva York con ropa de Scott. Con el tiempo, su concepto de trío se mantuvo, con otros contrabajistas como Chuck Israels o Eddie Gomez, y bateristas como Jack DeJohnette, pero nunca fue lo mismo.

Hubo otros momentos importantes desde el punto de vista musical. Por ejemplo, fue el primer pianista de jazz que se sobregrabó ( hasta 3 veces) para el disco “Conversations With Myself”, Sacó un disco maravilloso, “Undercurrent” con un guitarrista extraordinario, Jim Hall; y fue durante los últimos años de su vida aclamado por Europa, en todas y cada una de sus giras. En España tocó una sola vez, en el Balboa Jazz Club, un club improvisado (nada más apropiado) en el Barrio de Salamanca de Madrid, en 1979. Debió ser un concierto sobrio, ya que por entonces su salud era ya delicada, y pasaba por momentos muy duros tras el suicidio de su hermano Harry, pero hizo las delicias de las aproximadamente cien personas que asistieron al mismo. El gran “Cifu” ponía de vez en cuando en Radio3 el disco, pues Radio Nacional grabó la actuación.

Bill Evans murió en 1980, con 51 años, por una insuficiencia hepática, quizás causada por su adicción a la heroína durante tantos años. Sobrevivió a su mujer, Ellaine, quien también se quitó la vida arrojándose a las vías del Metro al anunciarle Bill que se quería divorciar para casarse con una fan.

En lo musical, lo pondría todo. Por un lado, creo que merece la pena escuchar y comparar “Some Other Time”, “Peace Piece” y “Flamenco Sketches”. Más allá de la semejanza en los comienzos de las tres, hay que estar atento al minuto 5’ 40” de “Peace Piece” , donde Bill vuelve, por unos segundos, a la melodía original del tema de Bernstein. Creo que merece la pena recrearse en este tema. Realmente, es una preciosidad. Poneos unos buenos cascos, cerrad los ojos, y dejaos llevar. Me gusta un comentario que vi en Youtube cuando estuve haciendo la selección. Alguien comentaba que se puso a escucharla en el coche, y que tuvo que echarse al arcén y pararse hasta que terminó ( me imagino que de la emoción).

Con respecto al segundo momento, sin duda, su tema más famoso “Waltz for Debby”, compuesta para su sobrina en 1954, cuando se recluyó en casa de su hermano tras su paso por el Ejército, deprimido porque todo el mundo le decía que nunca llegaría a ser algo en el jazz. La versión que pongo está grabada el mismo día y en el mismo sitio ( Village Vanguard) que la afamada versión en directo aunque sin público, pero es que esta última es difícil sacarla de Youtube, individualmente.

He añadido también una grabación para televisión de otro de mis temas favoritos, “My Foolish Heart”, ya con Chuck Israels al contrabajo , pero donde se ve muy bien su postura ante el piano, y hay buenos primeros planos de sus manos.

Y no me he podido resistir a poner una del disco con Jim Hall, que se llama “Skating at Central Park”. Una delicia: antesala de otro artículo que dedicaremos a este guitarrista. ¡Que delicadeza! Y una foto muy bonita la portada del disco “Undercurrent”. El tema original lo compuso John Lewis, pianista del Modern Jazz Quartet, para una película de Robert Wise titulada “Odds Against tomorrow”, de 1959, con Harry Belafonte y la bella y enigmática Gloria Grahame.

Por último, os dejo el enlace de “Cifu” sobre el concierto de Madrid, con la actuación entera.

Debussy dijo que “la música es el espacio entre las notas”. Pues eso. ¡¡No lloréis mucho.!!

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Javier Pérez-Nievas Montiel.

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