Body & Soul, 11 de octubre de 1939

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“Body & Soul” es una de las baladas más conocidas de la música melódica norteamericana y un “standard” del jazz. En este artículo hablaremos de su origen, de los muchos artistas que la han interpretado, y descubriremos las razones por la que esta canción llegó a convertirse en una pieza legendaria, en un hito en la historia del jazz.

Salvo por el título, muy sugestivo, no puede decirse que “Body & Soul” naciera con visos de convertirse en lo que fue. Su compositor se llamaba Johnny Green, un ex corredor de bolsa norteamericano , con la licenciatura de económicas por la Universidad de Harvard aún caliente, pero que acababa de dejar su trabajo para dedicarse a su pasión, la música. En 1930 compuso esta canción, por encargo, para el repertorio de una cantante y actriz inglesa llamada Gertrude Lawrence, quien, si en algún momento llegó a cantarla , lo hizo sin pena ni gloria.

coleman-hawkins-2Desde Inglaterra, la canción cruzó el charco y obtuvo cierta popularidad en los Estados Unidos en los primeros 30, siendo interpretada por algún grande del jazz, como Louis Armstrong o Benny Goodman. Pero no fue hasta finales de 1939, con la versión del saxofonista tenor Coleman Hawkins, cuando el tema alcanzó la notoriedad y la fama de la que hoy disfruta.

Lo llamativo de su éxito es que el tema de Hawkins es una versión prácticamente improvisada, de dos coros, en donde apenas se puede intuir, muy al principio, la melodía original. Recordemos que estábamos aún en la era del swing y de la música melódica. Podríamos decir que se trataba de una versión para entendidos; de una versión en disco, de poco más de 3 minutos ( la duración que se podía en los discos de la época), de las típicas improvisaciones, muy prolongadas, que Coleman tocaba en directo a altas horas de la madrugada en los clubs, pero que no tenían como objetivo el éxito comercial. Coleman Hawkinss, sin embargo, consiguió un bombazo. Interpreta el tema con dulzura, con desgarro, de forma muy cautivadora. Pero no sólo se aprecia el tono melancólico típico de una balada, también se intuye una mirada al horizonte, un atisbo de libertad. Por el momento histórico en que se produjo, todas las piezas encajaron.

Se trató de un éxito disruptivo. Para Ken Burns, el famoso documentalista de jazz, fue el comienzo de una era. Por poner un símil, podríamos compararlo con lo sucedido en la prueba atlética de salto de altura, cuando el cambio al estilo marcado por Fosbury sirvió para poner muchos centímetros de diferencia en el record de salto. En nuestro caso, también hubo un antes y un después: el saxofón se convirtió en el instrumento estrella de viento, desbancando al clarinete, y equiparándose a la trompeta; y la improvisación dejó de ser un vehículo para la muestra del virtuosismo de alguno, en pequeños “breaks”, para convertirse en la base de una construcción musical, cimentada en las armonías. Una sola canción sirve para explicar cómo nació el “bebop”. De ahí su importancia.


A los pocos meses, un Charlie Parker en sus comienzos ya intentaba plantear su propia versión del “Body & Soul” y nos dejó grabaciones de ello. Ted Gioa nos explica en su libro “Jazz Standards” que la canción se convirtió en modelo para todo saxofonista que intentaba hacerse un hueco, mostrando a través de ella su técnica improvisatoria. De ahí a que se convirtiera en una de las baladas más interpretadas de todos los tiempos, sólo fue cuestión de tiempo, y del innegable respeto que todo músico de jazz sintió por lo conseguido por Coleman Hawkins.

Esta semana he estado varias horas escuchando todas las versiones que he podido. Y he disfrutado de cada una de ellas. Desde Lester Young y Billie Holiday ( nuestros héroes de la anterior entrega), hasta Tony Benett y Amy Winehouse ( meses antes de su muerte) pasando por Esperanza Spalding ( cantando en un español muy literalmente traducido, pero divertido), Art Tatum, Stan Getz, The Modern Jazz Quartet, Thelonious Monk, Herbie Hancock, Etta James, Frank Sinatra, Andrea Motis ( nuestra gran estrella), Charlie Mingus ( al piano!!).

Me quedo con cuatro: la propia de Coleman que recomiendo escuchar muchas veces; la versión de Sarah Vaughan con Clifford Brown en el 54, porque se puede apreciar perfectamente su inconfundible vibrato; John Coltrane Quartet, por la tensión musical que imprime a sus temas este saxofonista con la colaboración de su pianista McCoy Tyner, en 1964; y por último, porque lo explica todo, la versión de The Manhattan Transfer, quienes rinden con ella tributo cantado a Coleman Hawkins y nos muestran su carácter legendario. Dejo colgados, cual manifiesto, los enlaces de las cuatro versiones. ¡Va por Coleman Hawkins!
 

NOTAS

Johnny Green se convirtió en un  compositor, arreglista y director musical de gran éxito. Consiguió 13 Oscars en su carrera, entre ellos por la Dirección Musical de An American in Paris, West Side Story, y  Oliver!. Fue el responsable final de que Natalie Wood fuera doblada, la pobre no lo sabía….. 

En la versión de The Manhattan Transfer, aparte de rendir homenaje a Coleman, también mencionan, como no podía ser de otra forma, a Eddie Jefferson, el inventor de este estilo de cantar llamado “vocalese” y que consiste en hacer sonar las canciones, sus “lyrics”, como instrumentos musicales.

Javier Pérez-Nievas Montiel

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