CINCO MESES DE EXILIO

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Buscando y rebuscando una definición de exilio aún nos hallábamos días después de que una filtración a El Mundo nos convenciera de que lo peor ya había llegado. Que el destino de casi un millar de trabajadores y sus familias pendía de la voluble voluntad de un gobierno regional que  se había caracterizado por su falta de sensibilidad social.

Y así fue como solo una semana después, el 5 de diciembre de 2012, se oficializó el descalabro.

La rabia de varios, muchos centenares, quedó encauzada en el mismo instante en que, durante una de las primeras asambleas de trabajadores de la Radio Televisión de Madrid, un veterano redactor profirió en voz alta un pensamiento: ¿y si comenzamos nuestra lucha haciendo la televisión que no nos han dejado hacer?.

Parecía que entre los asistentes se esperaba esa pregunta. Se aguardaba el momento en que alguien se atreviera a hacerla. Y todo comenzó a funcionar a partir de entonces: bastaron sólo varios minutos, los que se necesitan para que alguien anote unos teléfonos en un bloc, que organice una lista, y que la multitud abandone la sala y se ponga a trabajar.

La máquina comenzó a funcionar

Apenas una hora después de finalizada aquella masiva reunión, aquel 5 de diciembre, “Telemadrid en el Exilio” -como pasaría a llamarse casi instantáneamente- comenzaba a bombear sangre.

Los despachos de los tres sindicatos con representación en la empresa se convirtieron aquellas horas del mediodía en un hervidero de productores, cámaras y redactores, que de un lado a otro se movían, intercambiado teléfonos, pasándose llamadas… preparando el “estreno” de un nuevo día en sus vidas laborales.

El estreno de ese gran momento que todo profesional espera… y que burda y torpemente había sido cercenado por la dirección de Telemadrid con la connivencia y el desprecio de no pocos mandos intermedios.

Pero aquella circunstancia ni siquiera era contemplada en ese momento por quienes ya tenían clara su función. Y había llegado el momento de ponerse a trabajar.
El primer objetivo estaba claro. Se celebrababa aquel día un debate en la Asamblea de Madrid, y los profesionales de la sanidad pública madrileña habían sido convocados ante el edificio donde reside la soberanía regional, para protestar en contra de la privatización y externalización de los centros públicos de salud de la región.

Al primer grupo de redacción que salió de aquella embrionaria asamblea no le faltó de nada: se ponían en camino sabiendo que su trabajo se emitiría a través de salvemostelemadrid.es, que acababa de ofrecer su estructura al servicio de los trabajadores. Y apenas en unos minutos aquel pequeño grupo había coordinado con éxito la producción de la cobertura informativa. Una cámara réflex con grabación de video para conseguir totales de los portavoces de los distintos grupos parlamentarios con representación en la Asamblea de Madrid…, otra más, para la grabación de recursos de ambiente de las protestas… Un portátil con edición no lineal (al que después se añadiría otro más)… Esto, al menos, en cuanto a medios técnicos, en lo que a dotación humana se refiere: dos redactores, un productor, dos operadores de cámara y otros tantos ayudantes… además de dos, incluso tres… cuatro… más… operadores de videoeditores-web dispuestos a editar cuanto antes, y en cualquier lugar (siempre que hubiera red eléctrica) las imágenes capturadas hacía solo unos minutos.

El tiempo de las asambleas

Con la emoción de estar alcanzando un objetivo, los trabajadores más implicados en esta aventura convocaron las primeras reuniones de voluntarios, aún al calor de las multitudinarias asambleas de trabajadores, en la todavía operativa cafetería de Telemadrid, bajo la que se cernía la primera y más cruda amenaza de fin. En efecto, las trabajadoras y los trabajadores de Serunion verían extinguidos sus contratos el 31 de diciembre de aquel año. Serían los primeros en verse afectados por el ERE, y la plantilla, al completo, apostó desde el primer momento por acompañarles hasta el final.

De aquellas pequeñas reuniones saldrían los primeros temas de peso para Telemadrid en el Exilio: las protestas de los trabajadores de Sanidad, la marea verde de los profesores de la enseñanza pública, las iniciativas solidarias de algún que otro colectivo de padres de alumnos… Sin una parrilla de programación, a falta de una escaleta, así fue como nació el germen de lo que más tarde sería la Televisión de los Madrileños.

Semanas de frenética actividad

El trabajo de la casi decena de redactores volcados con la información, acompañados por otros tantos operadores de cámara, posproductores, operadores de video, ayudantes de producción, técnicos… etc… Se veía continuamente condicionado por la peculiaridad del momento: comenzaban los primeros paros laborales en Telemadrid, y la mayoría de los que siguieron desde el primer momento la huelga quisieron aprovechar la circunstancia para salir a la calle con sus micrófonos, sus libretas y sus cámaras, para contar a todo el pueblo de Madrid lo que durante ocho años se había estado silenciado. Era el momento. Tenía que ser así.

Y así fue como, a golpe de encontronazos fortuitos en las asambleas de trabajadores, unos y otros, en suma, todos aquellos que habían depositado más de una esperanza en aquel arrebato de entusiasmo, fueron dándole forma a un proyecto que nacía con la única ambición de convertirse en el medio de comunicación alternativo que ofrecería la información que transitoriamente Telemadrid había dejado de ofrecer. Eso, al menos, hasta tanto el conflicto que amenazaba con arrebatar el trabajo a la mayor parte de su plantilla finalizara con éxito.

Todos sabemos que no fue así. Pero aquellas cinco largas semanas durante las cuales 925 trabajadores arrojaron a los cuatro vientos sus demandas fue tiempo más que suficiente para que Telemadrid en el Exilio creciera como un organismo vivo.
Y de esa manera, de forma paralela a las asambleas de trabajadores, el colectivo de voluntarios más implicados con la idea de hacer la tele que no les habían dejado hacer durante años comenzó a reunirse de forma periódica. Bien para definir contenidos, bien para, simplemente, dotar de un nombre a aquello que les mantenía unidos.

Tras varias asambleas de voluntarios fue la palabra “exilio” la que, aún con precaución –dadas sus connotaciones negativas-, se acabó imponiendo por encima de cualquier otro sobrenombre al sentir generalizado. Todos, ellos y ellas, nosotros… habíamos sido apartados con desprecio de nuestro puesto de trabajo, antes incluso de saber que engrosaríamos la abultada lista de los expoliados de Telemadrid. Y aquella condición logró dotarnos a todos del mismo color, de la misma característica, de un mismo sentimiento de renovación.

Los meses sucesivos, ya fuera de la empresa, con el ERE “ejecutado”, quienes apostaron en un primer momento por la “tele en el exilio” aprovecharon cada minuto de su día a día para contribuir a la sostenibilidad del proyecto. Un proyectorp-tmex que inicialmente había surgido como otra herramienta más de presión contra un expolio orquestado, pero que, tal y como se comprobó después, necesitaba más oxígeno para continuar, y por ese motivo decidieron seguir adelante.

Telemadrid en el Exilio quedaría constituída como asociación y TmEx.es sería a partir de aquel momento la plataforma mediática desde la que los trabajadores exiliados de Telemadrid ejercerían -al fin- en libertad su profesión.

El medio se estrenó el 21 de febrero de 2012 en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid, cuna académica de la mayoría de los integrantes de TmEx.es. Y solo dos días después, se enfrentó a su primera prueba de fuego, con motivo de la retransmisión de la Marea Ciudadana convocada para aquel día en las calles del centro de Madrid.

El resto es por muchos de vosotros conocido. Estos fueron los orígenes de Tmex.es. Y hoy, orgullosa por haber sido parte de aquello, celebro sus cinco meses de vida. En todo este tiempo, con ausencias -por desgracia- sobrevenidas a medio camino entre el júbilo y la nostalgia, con incorporaciones que han insuflado de ánimo al colectivo, con idas, venidas, desencuentros, pero sobre todo, con mucha ilusión, es como este grupo heterogéneo de ex trabajadores de Telemadrid -algunos de los cuales jamás habíamos coincidido en nuestra labor juntos- hemos logrado unir lo que ningún expediente de regulación de empleo ha podido mutilar: la vocación de servicio público y el amor por un oficio: el de periodista, que tanto cariño necesita en estos delicados momentos.

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