Clifford Brown, el hard bop y la alegría de ser músico de jazz

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Dentro de poco se cumplirán 61 años del fallecimiento de uno de los más grandes trompetistas de jazz de todos los tiempos, Clifford Brown. Un músico que dejó una profunda huella en el ambiente jazzistico de la época, que tuvo una influencia enorme en varias generaciones de trompetistas pero que, lamentablemente tras su temprana muerte, fue relegado al olvido durante décadas.

Aparte de por su música, comencé a tener curiosidad por él cuando, hace un año, viendo a Benny Golson en un concierto en Madrid, me impresionó ver a este músico de 87 años derramar unas lágrimas por Clifford, con sólo pronunciar su nombre. Tenía que ser, efectivamente, un tipo muy, muy especial, cuando alguien te recuerda con esa emoción, pasado tanto tiempo.

Clifford fue capaz, en un mundo dominado por las drogas y el alcohol, no sólo de no tomarlas, sino de hacer ello un estandarte. No las necesitaba, y se lo decía a todo el mundo que lo quería escuchar. Muchos de sus compañeros –Sonny Rollins, por ejemplo- enganchados, vieron en él un referente, sobre todo porque Clifford hacía frente a todo con una alegría desbordante, contagiosa. Pero es que además tocaba la trompeta, e improvisaba, con una gran nitidez, entonación e intensidad, pero al mismo tiempo de forma muy cálida, cuando muchos de sus colegas pensaban que sólo se podía tocar así estando “colocado”.

Clifford fue, además, una persona muy capaz en otras facetas de la vida. Además de sus estudios musicales, se graduó en Matemáticas en la Universidad. Pero no hay que olvidar, por último pero no menos importante, que era negro. Merece destacar esto, pues el éxito como músico y como persona de Clifford fue consecuencia no sólo de sus propias capacidades, sino también de un apoyo familiar y de su comunidad encomiable. Esfuerzo que nos enseña, una vez más, el espíritu de una comunidad en un ambiente complicado, en plena década de lucha por sus derechos civiles. Muestra de este apoyo fueron las giras que el profesor de música de su escuela le organizó en Filadelfia, y que le sirvieron para poder despuntar con mucha juventud. Fue precisamente en esta ciudad, Filadelfia, donde conoció y se hizo amigo de Benny Golson.

Pero es una historia desgraciada la de Clifford Brown. Sucede en muchas ocasiones: los buenos se van demasiado pronto. Y Clifford se fue de los primeros, con sólo 25 años. Tuvo dos accidentes de coches, tres dicen algunos, aunque yo no he encontrado documentación de uno de ellos. El primero, en 1950, volviendo de uno de sus conciertos en Filadelfia, que le apartó de las actuaciones durante un año, pero que le sirvió para profundizar en sus conocimientos de armonía y para que su ánimo se reforzara con visitas al hospital de, entre otros, el propio Dizzy Gillespie, para darle todo su apoyo. El segundo, en junio de 1956, en pleno éxito, cuando se trasladaba junto con el pianista de su banda Richie Powell- hermano del mítico Bud Powell- y la mujer de este último, a un concierto en Chicago. Murieron los tres. En ninguno de estos accidentes conducía él. La noticia provocó un impacto monumental en el mundo del jazz.

En este breve periodo consiguió ser el trompetista de “bop” más importante, influyendo en todos los trompetistas de este movimiento, incluyendo al gran Miles Davis. Formó como colider con el baterista Max Roach una banda impresionante, llamada “Clifford Brown & Max Roach Quintet”, y que contaba, en su época más consolidada, con Richie Powell al piano, George Morrow, al bajo, y Harold Land, al saxo tenor ( y por el gran Sonny Rollins en la ultimísima época, ver foto, a la izquierda del todo).

Esta banda fue una de las enseñas del llamado “Hard Bop”, escuela que derivó del bop, pero con una vuelta a los tiempos medios y tonos menores, más melancólicos, y a las raíces del blues y del gospel, y que fue, junto con el “cool jazz” y el “avant garde jazz”, una de las grandes tendencias jazzísticas de los 50 y de los 60. Me imagino que se notará un poco que es la tendencia que más me gusta.

¿Y por qué semejante banda y semejante trompetista fueron poco menos que olvidados pocos años después?. La tesis de Ted Gioia, el músico e historiador de jazz, es que todo se debe a la invención del sonido estéreo, en el 58. Todos los músicos que grabaron después de esta fecha , como Thelonious Monk, Miles Davis o Chales Mingus, lograron grandes éxitos de ventas con sus discos pero las grabaciones inmediatamente anteriores quedaron relegadas, y sus músicos olvidados por el gran público.

En los últimos años, ha habido un resurgimiento de Clifford Brown, en buena parte debida a un documental llamado “Brownie Speaks”, que también sirvió para que se sucedieran varios homenajes a su figura en su ciudad natal, Wilmington, y a la que acudieron muchas leyendas vivas del jazz, como mis queridos Jimmy Heath y Benny Golson. Termino con una frase de uno de estos músicos, en dicho documental, y que sirve para concluir sobre la importancia de este músico, cuando se le pide que se compare a Clifford con el más famoso trompetista de la segunda mitad del siglo XX, Miles Davis. “Miles Davis was a stylist, Clifford was a trumpet player”.

¿Qué hubiera pasado si su música hubiera perdurado un par de décadas más?

En la parte musical, vamos a poner tres piezas del disco más importante que sacó el Quinteto de Clifford Brown y Max Roach, entre finales del 54 y principios del 55. Las dos primeras han llegado a ser “standards” del repertorio jazzístico: “Joy Spring” y “Daahoud”. Son ambas composiciones de Clifford, y las dos muestran todo lo que hemos contado de este músico, incluyendo el enorme optimismo que transmiten, y también ese toque elegante que tanto me gusta, sobre todo la primera. Dicen que “Joy Spring” era como llamaba Clifford a su mujer. Otros temas que recomiendo especialmente de su discografía son “Sandu”, y “Jordu” ( compuesta por Duke Jordan)

Con respecto a la última, más bopera, es una pieza muy conocida pues en ella asistimos a uno de los diálogos, casi una batalla, entre trompeta y saxo más intenso que se recuerde. Se llama “The Blues Walk”, a partir del minuto 5:28. Ted Gioia lo incluye en su libro “How to listen to Jazz” y es un clásico para entender una de las características de este género musical: la conversación entre instrumentos. Chulísimo: tenéis que aguantar hasta el final.

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Javier Pérez-Nievas Montiel.

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