¿El mejor concierto de jazz de la Historia?

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Si alguno tiene la curiosidad de teclear en Google “el mejor concierto de jazz de la historia” se va a encontrar con el legendario concierto que tuvo lugar en el Massey Hall de Toronto, el 15 de mayo de 1953, y que reunió a lo más granado del “bebop” entorno al saxofonista Charlie Parker “Bird”.

Pero ¿fue realmente el mejor concierto de jazz de todos los tiempos?. Yo más bien diría que se trató de uno de los conciertos más milagrosos de todos los tiempos, fruto de más de una casualidad. Fue un milagro que un club local de aficionados canadienses pudiera agrupar a todas estas figuras legendarias. Fue otro milagro que el concierto pudiera llegar a celebrarse. No puede decirse otra cosa de que éste llegara a grabarse, y con un calidad mínimamente aceptable; y el último milagro, o casualidad, es que se llegara a editar un disco con la grabación, y que éste haya perdurado hasta hoy.

Lo cierto es que se trata de un concierto muy rico en anécdotas. Eso y que todos los músicos acabaran convirtiéndose en mitos del jazz, hicieron que el concierto adquiriera tintes legendarios, aunque posiblemente el calificativo de “el mejor” sea una exageración, fruto de una operación de marketing. En fin, demos un repaso a la serie de milagros-casualidades.

LA CONVOCATORIA.

¿Cómo es posible que unos aficionados canadienses -La New Jazz Society de Toronto- organizaran su primer certamen de música creativa, pensaran en Charlie Parker, considerado el gran maestro del “bebop”, y el mejor saxofonista de la historia, le llamaran y éste dijera que sí a la primera?. Bueno, hay que ponerse en situación. En 1953, “Bird” no era ya un músico fiable. Su relación con las drogas y el alcohol le habían deteriorado mucho. Los años dorados del “bebop” quedaban ya lejos, y Parker estaba pasando un periodo calamitoso: había perdido a su hija recientemente, y le habían quitado la licencia para tocar en los Estados Unidos. No tenía un duro, ya que todo se lo gastaba en la heroína, así que cuando este grupo de canadienses le ofreció 200$ y un porcentaje de los beneficios, no lo dudó.

Pero los promotores eran aún más ambiciosos porque lo que realmente perseguían era homenajear al “bebop”. Es decir, no valía sólo con Parker. Y en estas llegamos al segundo milagro: posiblemente las ganas de ayudar económicamente a “Bird” hicieron fácil la aceptación por parte de Dizzy Gillespie (trompeta), Max Roach (batería) y Bud Powell (piano), pese a que ninguno de ellos podía decir en aquellos momentos que mantenía una buena relación con el saxofonista. En el caso de Bud Powell, además, los organizadores tuvieron mucha suerte, pues el pianista, que ya había pasado por fases de gran desequilibrio mental, había salido hace pocos meses de una residencia psiquiátrica, y para más inri, había terminado hacía pocos días un periodo de arresto domiciliario por posesión de marihuana.

Ya contaban con la flor y nata del “bebop”: Charlie Parker era el maestro, Dizzy el inventor del estilo, Bud, el gran imitador de Parker al piano, y Max, el amigo de los comienzos y con el que había tocado en muchas ocasiones.

Faltaba el contrabajo. Los organizadores habían pensado en Oscar Pettiford, que era, sin duda, el contrabajista más famoso de este género, pero Max Roach, equivocadamente, les dijo que Oscar no estaba disponible porque se había roto un brazo -sí se lo partió pero años antes- y sugirió el nombre de Charles Mingus, de Los Ángeles, y buen amigo de Max. Mingus resultó trascendental para buena parte de los milagros que nos quedan por explicar, como veremos posteriormente.

EL CONCIERTO

No era un buen augurio que lo primero que hiciera Parker al llegar a Toronto fue insistir en que necesitaba una copa -y que no se la podía pagar-. No sólo eso, “Bird” había empeñado su saxofón en Nueva York para conseguir una dosis de heroína, y se presentó al concierto con un saxofón alquilado, ¡de plástico!

Entre los aficionados había también serias dudas de que las cosas salieran bien, pues conocían que las relaciones de Powell y Parker no eran nada buenas, desde que se pelearon años atrás cuando el pianista formaba parte de la banda de “Bird”. Así mismo, sabían que posiblemente, y pese al reencuentro, Charlie Parker y Dizzy Gillespie no alcanzarían ni por asomo el grado de compenetración que tuvieron en sus comienzos.

Pero aún iban a pasar más cosas: resulta que a la misma hora del concierto se celebraba y retransmitía un importante combate de boxeo, con la gran figura del momento Rocky Marciano. La mitad de los espectadores abandonaron la sala para seguir el combate. Y lo mismo debieron hacer Gillespie y Parker, pues el concierto comenzó sólo con Powell, Roach y Mingus, quienes interpretaron siete temas como trío. Ya como quinteto, tocaron siete temas más, que fueron los siguientes:

1. “Perdido” (Juan Tizol)

2. “Salt Peanuts” (Dizzy Gillespie, Kenny Clarke)

3. “All the Things You Are” (Jerome Kern)

4. “52nd Street Theme” (Thelonious Monk)

5. “Wee (Allen’s Alley)” (Denzil Best)

6. “Hot House” (Tadd Dameron)

7. “A Night in Tunisia” (Gillespie, Frank Paparelli)

EL DISCO

Pese a que los músicos no habían ensayado, el concierto salió bien. Los temas era o “standards” o grandes temas del “bebop”, muy conocidos, y todos pusieron de su parte, tocando brillantemente. El más aplaudido fue Bud Powell.

Pero los organizadores no habían pensado en grabar el concierto. Tampoco fue al mismo el famoso seguidor de Parker, Dean Benedetti, que se llevaba a (casi) todos los conciertos de su ídolo una grabadora portátil. En esta ocasión el gran artífice de la grabación, el que aportó el magnetofón y las cintas fue el mismísimo Charles Mingus. ¿Y esto cómo se explica?

Mingus acababa de crear una compañía discográfica, llamada Debut Records, harto de que los directivos blancos se llevaran una parte muy sustancial de las ganancias de los músicos negros. No había sacado ningún disco al mercado pero Mingus, que como músico nunca llegó a ganar lo suficiente para vivir de forma holgada, tenía cierta obsesión por dar algún “pelotazo” económico, e intuyó que con este concierto lo lograría. No fue así -nunca llegó a darlo- , pero gracias a él existe hoy el disco.

Siguiendo con los milagros, cuando Mingus escuchó por primera vez la grabación se dio cuenta de que no se le oía. No podía publicar su primer disco con él como uno de los intérpretes, y que no se le oyera, así que se fue a un estudio de sonido, el famoso estudio -en realidad la casa de sus padres- de Rudy van Gelder en Hackensack, y se dobló. Ya con algo aceptable, publicó el disco bajo el nombre de “Jazz at Massey Hall”. En el mismo tuvo que incluir a Parker con el seudónimo de Charlie Chan (Chan Richardson era la compañera de “Bird”) por razones contractuales del saxofonista. El disco se vendió razonablemente bien.

Ya en los 70, cuando Fantasy Records compró todo el catálogo de Debut, volvió a publicar el disco, en un doble LP con los temas del quinteto y también del Trío, y lo lanzó con el sello Prestige como “El Mejor Concierto de Todos los Tiempos”. Y así finaliza la historia, justo con la explicación del calificativo con el que abríamos el blog.

A continuación podéis escuchar uno de los temas que se tocaron aquella tarde, llamado “Hot House”. Como suelo decir, lo he seleccionado por varias razones. Por un lado, me gusta el detalle de ver cómo, pese a que el invitado estrella era Parker, el que se arroga el papel de líder es Dizzy Gillespie, que es quien presenta la canción ¡Como en el principio de los tiempos!

También por la cita que hace Parker de la Habanera de Carmen. Parker era un tipo muy culto, y era frecuente que en sus solos citara “riffs” de otros temas de jazz, también de sus grandes ídolos Lester Young y Coleman Hawkins, así como de grandes compositores de música clásica, desde Chopin a Stravinsky, pasando por Debussy y Dvorak. Hay una página web japonesa, llamada www.chasinthebird.com, donde un aficionado muy “freak” del saxofonista da detalle de más de cien citas de solos de Parker. Interesantísimo.

Gillespie contesta a Parker citando también la Habanera y, un poco más tarde, un fragmento de “Laura”, tema de la película del mismo nombre, una de las cumbres del cine negro, dirigida por Otto Preminger. No sé si fue porque la música le llevó a ello, o porque quiso evocar la imagen de Carmen con la de la protagonista de la película, una de las mujeres más guapas de Hollywood, Gene Tierney, o por qué motivo, pero no deja de ser una cita interesante, pues Charlie Parker había popularizado precisamente este tema tan sólo tres años antes, en un disco que alcanzó mucha fama, con orquesta de cuerda. Quizás Gillespie le estaba dando una “palmadita” musical a su otrora amigo Parker. Os dejo también una versión estupenda de este “Laura”.

Por último, podemos escuchar a un Bud Powell brillante con el piano, así como a Mingus, percibiéndose fácilmente los trozos de contrabajo doblado de aquellos originales.

¡Que lo disfrutéis!

photo

Javier Pérez-Nievas Montiel.

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