El milagro de Borromeo

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“He venido a liberar a los presos”. Así reza el grafitti evangélico que hace las veces de altar en San Carlos Borromeo. Fue pintado por un joven toxicómano y homosexual. En él aparecen retratados un ex presidiario y su mujer, una inmigrante. Ocupando el centro, de espaldas y desnudo, un joven acogido que fue también víctima de las drogas. Todas estas personas existieron y fueron proscritas en su tiempo. Allá por los 80, la parroquia de Entrevías se convirtió en una puerta abierta para escapar de la marginación. Tres párrocos,  Pepe Díaz, Enrique de Castro y Javier Baeza, representan a tres generaciones de los llamados “curas de barrio”. Tuvieron que hacer frente a los infortunios de cada época. Después de los tiempos del Padre Llanos en el Pozo del Tío Raimundo llegaron los años duros marcados por la cárcel y la drogadicción. Hasta llegar a nuestros días, marcados por el drama de la inmigración ilegal, el paro y la crisis económica.

 Tras sufrir un intento de cierre en 2007 por parte de al Arzobispado de Madrid, San Carlos Borromeo sobrevive como centro pastoral. Una suerte de capellanía de la marginación que alrededor de sus numerosos voluntarios sigue apoyando a los más desfavorecidos. En este caso, a los habitantes del poblado de El Gallinero, un enclave chabolista donde sobrevive una población de gitanos rumanos muy cerca de la Cañada Real. Unos  apátridas a los que la legislación europea ampara como un pueblo sin tierra. Gracias a los voluntarios de San Carlos Borromeo los niños de El Gallinero acuden al colegio, van a campamentos de verano y celebran de una forma muy especial el día de Reyes.

925 kilos de comida. Uno por cada trabajador de Telemadrid amenazado por un ERE. Esa fue la apuesta solidaria que hicieron los finalmente casi 900 despedidos. En víspera de Reyes los alimentos recogidos durante meses de lucha viajaron con destino a la parroquia de San Carlos Borromeo. Servirían de alimento a muchas familias necesitadas de Entrevías y a los niños rumanos de El Gallinero. Un equipo de “Telemadrid en el exilio” compartió con ellos aquellos días y fue testigo de la enorme carga emocional  que encierra su historia.

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