En busca de los “eurostandards” de jazz

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Es un sueño recurrente. Quizás típico de mi generación. De repente, me veo en el “Un, Dos, Tres” y Mayra Gomez Kemp, o Kiko Ledgard, me ponen a prueba sobre los conocimientos que tengo en esta o aquella materia. En esta ocasión me han pedido que cite, por cien pesetas cada respuesta, “standards” de jazz que hayan sido compuestos por músicos europeos. ¡Oh, no!. Entro en pánico. Si al menos se hubieran referido a músicos no estadounidenses, podía haber soltado, guiñando a mi compañera de juego para que siguiera por ese camino, muchas canciones del músico brasileño Antonio Carlos Jobim, pero no. Mayra me pedía explícitamente EUROPEOS. La pregunta se las trae pues, pese a que no está muy claro esto de los “standards”, no hay muchos europeos. Me parece que no voy a seguir en el programa. Vamos a hacer un repaso de los más relevantes, que yo recuerde.

MINOR SWING

El guitarrista y compositor gitano belga Django Reinhardt ( 1910- 1953) fue el primer músico europeo que llamó la atención de los músicos de jazz norteamericanos. Django tenía un estilo inigualable, pese a que tenía la mano izquierda prácticamente inutilizada por un incendio, provocado por él mismo cuando entró fumando en su casa –una caravana- a reventar de flores de papel que estaba haciendo su mujer para un festival.

Junto con el violinista Stéphane Grappelli y su quinteto, el Hot Club de France, forjaron una leyenda más allá de lo musical, pues el jazz significaba en la época en que Django y sus compañeros se dieron a conocer, un símbolo de rebeldía, primero, y de resistencia después, de los jóvenes franceses frente a los nazis. De hecho, un tema compuesto por Django llamado “Nuages” se convirtió en himno de la Resistencia.

El que fue siempre un espíritu libre fue este Django, que sólo pensaba en la música, las mujeres, y en pescar (por ese orden). Llevaba su patrimonio siempre en forma de billetes en el bolsillo de su pantalón. Cualquier otra cosa le incomodaba: se compraba un coche, y más tarde lo dejaba tirado en la cuneta, incapaz de entender lo que era llevarlo al taller. Pero gracias a su arte consiguió sobrevivir, siendo gitano y músico, en un París ocupado. Murió muy joven, con 43 años, sin haber visitado un médico en su vida. John Lewis, pianista del Modern Jazz Quartet, compuso un tema chulísimo con su nombre, que también es un “standard”, tras su fallecimiento y en homenaje a su legado.

“Minor Swing” (1937) es su composición más significativa, y calificada de “standard”. Eso, sí, de “gipsy standard”, como si el hecho de ser gitano ya mereciera una clasificación aparte, pero es que la música de Django no es comparable con nada.

MAC THE KNIFE

Esta es una de las historias que, cuando la descubrí, me dejaron más sorprendido pues siempre había asociado la canción “Mac The Knife” a lo que se llaman “bajos fondos”. La letra le va como anillo al dedo. Además, el hecho de que, primero, Louis Armstrong y luego otros cantantes como Bing Crosby, Ella Fitzgerald, Frank Sinatra y, en especial, Bobby Darin, la incluyeran en su repertorio, me dejaba pocas dudas sobre su nacionalidad . La tira cómica del famoso dibujante Gary Larson allá por los finales 80 , que mete en una viñeta a Mac the Knife, Bob the Spoon y Ernie the Fork, más allá de lo genial de la idea, no hizo sino reafirmarme en mi asociación de esta canción con el hampa.

 

Pero en realidad se trata de una adaptación de una vieja historia inglesa, de finales del siglo XVIII, llamada “La Ópera del Mendigo” cuyo protagonista era un bandido sanguinario llamado MacHeath. Ya en siglo XX, en Alemania, La opereta fue reescrita por Bertolt Brecht, ambientada en los años 30, con los mensajes anticapitalistas típicos de este dramaturgo, y con el nombre de “La Ópera de los Tres Centavos”. La música la compuso el también alemán Kurt Weill, y entre las canciones destacaba este “Moritat” ( copla, balada) de Mac. Kurt Weill dice que se inspiró en los sonidos del trafico berlinés a la hora de componer la canción.

Es cierto. Si escuchamos la versión original, uno se pone en seguida en ambiente en el Berlín de entreguerras. Al menos, en lo que las películas nos han transmitido de dicho ambiente, en especial “Cabaret”, de Bob Fosse, cuya obertura recuerda mucho, mucho a esta versión original de “Mac the Knife”

A continuación os dejo la versión de Bobby Darin, la más popular, y a continuación la original alemana, cantada por la mujer de Kurt Weill, Lotte Lenya.


Termino diciendo que la carrera de Kurt Weill continuó con éxito en los EE.UU , a donde emigró con la llegada de los nazis. Recuerdo por ejemplo un tema suyo muy bueno, llamado “Speak Low”. En especial la versión interpretada por el pianista McCoy Tyner en los 60. Muy recomendable para los muy aficionados.

AUTUMN LEAVES

Algo parecido pasa con estas “Hojas de Otoño”, tantas veces escuchada en el piano de Bill Evans o en la trompeta de Chet Baker o de Miles Davis, que a uno se le hace difícil pensar que no era uno de éstos su compositor. ¡Pues no!. En realidad es una canción francesa de finales de los años 40, compuesta por Joseph Kosma y con letra de Jacques Prévert, y titulada “Las Feulles Mortes”. Fue popularizada por Yves Montand, y de ahí ya cruzó el charco.

En lo que al jazz se refiere, las versiones más famosas son las ya mencionadas de Bill Evans con su famoso Trío (Scott Lafaro y Paul Motian) y, la que es considerada una de las grandes obras del jazz clásico, la versión de Cannonball Adderley ( saxofón alto) para su disco de 1958 “Somethin´Else”. Con Miles Davis (trompeta), Hank Jones ( piano: éste fue el que tocó con Marilyn el “Happy Birthday”); Sam Jones, al contrabajo, y Art Blakey, en la batería. La verdad es que es una versión estupenda y muy cuidada: tras una “intro” llamativa, nos encontramos con un muy inspirado Miles Davis, tocando la melodía secundado por las escobillas de Art Blakey. Luego viene el sólo improvisado de Cannonball, con su estilo “soul” tan característico, para volver a un Miles muy pausado en su improvisación pero con pleno dominio de la situación, y a un piano que mantiene la línea romántica que sugiere el título de la canción. Termina volviendo a la melodía Miles, que deja que la canción se desvanezca para que suenen las gotas de lluvia del piano de Hank, y repiten de nuevo ambos en las frases finales de un tema maravilloso.

BLUESETTE

Podría hablar más detenidamente de “Lullaby of Birdland” (1952) del británico George Shearing ( ver el blog
“Los más rápidos del Oeste”) o de “On Green Dolphin Street” (1947) del polaco Bronislaw Kaper, o “Mercy, Mercy, Mercy” (1966) de Joe Zawinul, austriaco, como ejemplos de temas compuestos también por músicos europeos, aunque trabajando profesionalmente en los EE.UU, pero me voy a centrar en este standard del armonicista, guitarrista y “silbista” belga Toots Thielemans, por varias razones.

En primer lugar porque nunca hemos hablado de la armónica como instrumento de jazz, y Toots fue su más insigne representante. Además, empatizo con él porque silbaba muy bien, y a mí, a falta de perfeccionar el sonido de mi saxofón, tampoco se me da mal. Por último, porque el pasado 10 de noviembre se cumplieron 48 años del inicio de “Barrio Sésamo” y el tema que suena al final de cada emisión de esta serie infantil es suyo.

Toots acompañó a numerosos artistas a lo largo de su vida. De hecho, comenzó como guitarrita en la banda de Benny Goodman hacia finales de los 40, en las giras europeas del rey del Swing. Más tarde, ya emigrado a los EE.UU, formó parte de la banda del mencionado George Shearing, y fue en un concierto con esta banda en 1960, en Hamburgo, donde deslumbró a un joven John Lennon. Se cuenta que Lennon decidió que la guitarra Rickenbaker 325 iba a ser “su” guitarra, tras escuchar a Toots. Philip Norman, biógrafo oficial de Paul McCartney, que también escribió sobre Lennon, menciona a Toots Thielemans como una de sus referencias, según me cuenta mi amigo y especialista en The Beatles, Álvaro Ortega.

Oro gran éxito de Toots tocando la armónica es el tema “Midnight Cowboy” de la película del mismo nombre. De hecho, ésta y el “Everybody´s Talkin`”, interpretada por Harry Nilsson, son las dos grandes canciones que esta gran película de los 70 nos dejó. Lo que no deja de ser curioso, porque el otro interprete, Nilsson, fue uno de los músicos más respetados por The Beatles, y fue gran amigo de John Lennon, cuando éste comenzó a vivir en los EE.UU. Creo que hay un dicho popular que nos recuerda estas casualidades, ¿no?

Pero la canción que realmente encumbró a Toots Thielemans se llama Bluesette, y la compuso en 1962, bien tocando la armónica, o bien con la guitarra y silbando. Fue un éxito desde el primer momento, y se convirtió en un “standard” por la rapidez con que hicieron “covers” del tema en todo el mundo. Os dejo su versión silbando para que tengáis una visión más completa de este excepcional músico.

¡Que lo disfrutéis!

photo

Javier Pérez-Nievas Montiel.

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