Principios de la LOMCE

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En la segunda entrega de nuestro especial “Hablamos de educación” con el que, de la mano del experto pedagogo Pedro Uruñuela, estamos analizando el contenido de la polémica LOMCE, más conocida como ley Wert, y las consecuencias de su implantación, abordaremos uno de sus aspectos más relevantes: aquel que tiene que ver, precisamente, con los llamados “ Principios” de la LOMCE.

Unos “principios” cuya aplicación resultan de vital importancia a la hora de diseñar los distintos tipos de asignaturas y el peso de cada una de ellas en la escuela pública. Lo que, en última instancia, evidencian claramente la ideología que “inspira” esta ley.

En ellos se habla del “alumno” como “centro y razón de ser de la educación”, algo que en opinión de Uruñuela, queda en papel mojado cuando asistimos a los recortes en recursos, la disminución numérica del profesorado, o el aumento de la ratio de alumnado por aula.

Se habla, también, de la importancia de atender a la “diversidad de sus talentos” para, a renglón seguido, introducir el concepto “cantidad de inteligencia” –olvidando, como subraya nuestro experto, que la “inteligencia” es un fenómeno socialmente condicionado- y que en función de dónde nazcas, y las posibilidades de tu entorno, ese potencial de “inteligencia” se podrá desarrollar o no…

Y, por último, se vincula educación a sistema económico, sometiendo la misma a las necesidades del sistema productivo y no a la de la formación integral de cada individualidad.

Con su fino bisturí, Pedro Uruñuela, desmonta estos “Principios”. La solidez de sus argumentos y su convencimiento de que la LOMCE no es el camino parecen difícilmente contestables.

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