Harlem Stride Piano

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El jazz es sin lugar a dudas un género musical grupal, donde lo colectivo y la interconexión de los componentes de la banda es muchas veces lo que trasciende, lo que le da su plenitud. Pero no debemos olvidar que siempre ha tenido también un componente de técnica, de virtuosismo, de exhibición individual, digamos de competencia por ser el mejor que, contradictoriamente, ha contribuido enormemente a su propia evolución.

Esto se ha repetido en numerosas ocasiones. Aparece un estilo, se va desarrollando poco a poco, a base de técnica, hasta que aparece un intérprete insuperable, rozando la perfección y que logra que el modelo se agote, provocando la aparición de otros nuevos.

Así se podría explicar, por ejemplo, el nacimiento del “bebop” para combatir la supremacía de Coleman Hawkins y Lester Young; y sin duda, unos años después, incapaces de superar lo logrado por Charlie Parker y Dizzy Gillespie, podíamos ver a un grupo de jóvenes liderados por Miles Davis, creando el “cool jazz” , más reposado y orquestado. De la misma forma, tras los genios del “free jazz”, Ornette Coleman y de la improvisación, John Coltrane, en los 60, no es de extrañar que se volviera a un estilo de jazz más tradicional.

En este artículo hablaremos de uno de los primeros ejemplos de este gen competitivo que existe en el jazz. Se trata del Harlem Stride Piano.

Surgió en los años 20 del siglo pasado en este suburbio de la ciudad de Nueva York, en el que se produjeron movimientos migratorios desde el sur del país que hicieron que, a mediados de la década, más del 75% de la población fuera afroamericana.

Se produjo entonces un encuentro, musical, entre la música culta y europea que cultivaban los antiguos vecinos de Harlem, con la música popular de moda, el “ragtime”, de los recién llegados de procedencia mucho más humilde. El piano constituía el nexo de unión entre ambos mundos. Servía para la música culta, y también para el ragtime.

Los alquileres eran caros y los habitantes de Harlem, inquilinos en su mayor parte, se vieron en la necesidad de organizar fiestas- house parties- como una de las fórmulas originales para pagar la renta. En estas fiestas, el piano se convirtió en el centro, y con el tiempo comenzaron a popularizarse los “cutting contests”, competiciones en los que cada pianista mostraba sus habilidades pretendiendo derrotar al resto de músicos en la velada. En este entorno de “batallas” nocturnas se desarrolló el stride.

Volviendo al aspecto musical, el origen del “stride”, como decía, es el “ragtime”, siempre al piano, y que se caracteriza por su ritmo ( llevado con la mano izquierda, sonado como “Um-pah”) y su melodía asincopada ( con la derecha). Todos lo conocemos más de lo que pensamos , pues buena parte de la banda sonora de la
popular película “El Golpe” ( The Sting) de los años 70, incluyendo su tema más conocido, son adaptaciones de rags de Scott Joplin, el pianista de ragtime por excelencia, allá por los inicios del Siglo XX.

Stride en castellano se traduce como zancada o tranco, y quizás el nombre se adoptara por los largos movimientos hacia arriba y abajo que realizaban los pianistas con su mano izquierda, para marcar el ritmo. Se trata de una evolución del rag, pero con construcciones melódicas y armónicas un poco más complejas.

Sus intérpretes más conocidos fueron James P. Johnson , que fue el precursor; Fats Waller, el más teatral, Willie “the Lion” Smith, un killer de los “cutting contests” y Luckey Roberts. Duke Ellington, contemporáneo de todos ellos y residente en Nueva York ya en aquellos años, decía que más que músicos, tenían “corazón de gladiador”. En concreto, Willie “The Lion” debía utilizar todo tipo de triquiñuelas para desalentar a sus contrincantes. Ted Gioiia , en su “Historia del Jazz” pone en boca de Ellington alguna:

“Antes de que hubiese terminado demasiadas frases ( refiriéndose a algún pianista en plena batalla con él) Lion ya se encontraba de pie tras él, haciendo centellear su habano. Si el tipo era débil con la mano izquierda, Lion decía: ¿Qué te pasa?¿estás lisiado?. O bien: ¿Cuándo te rompiste el brazo izquierdo?. O: Anda, levántate, te enseñaré cómo se supone que va”

También James P Johnson opinaba sobre su arrogancia, que utilizaba para intimidar al adversario: “Cuando Wllie Smith caminaba hacia algún sitio, cada uno de sus movimientos era un espectáculo, tan estudiado, practicado y desarrollado como si fuera una compleja pieza para piano”.

Y en esto que llegó a Harlem, en 1932, un pianista ciego llamado Art Tatum. En poco tiempo, todos habían oído hablar de sus habilidades al piano, y rápidamente se organizó la batalla del siglo. Intervinieron todos ( excepto un quizás asustado Lion). La batalla está documentada y la cuenta Gioia en su libro: “Cuando llegó el momento de que tocara Tatum, éste se destapó con un deslumbrante “Tea for Two” lleno de densas armonías y amplias escalas y arpegios, dejando a su auditorio sin palabras. James P. Johnson le sucedió con un animoso “Carolina Shout”, seguido de Waller con su “Handful of Keys”, pero Tatum respondió con una versión virtuosísima de “Tiger Rag” en un tempo vertiginoso, que hacía inútil cualquier comparación. Johnson volvió al techado con una última y exaltada interpretación del Estudio Revolucionario de Chopin, y aunque Waller más tarde afirmaría no haber oído nunca tocar tan bien a esta vieja gloria del stride, ya no cabía duda del veredicto final. “Ese Tatum era simplemente demasiado bueno. Cuando ese hombre pone el motor a toda máquina, nadie le puede desbancar. Suena como una banda de metal“.

Y con Tatum se acabaron los “cutting contests” y finalizó el stride. Ya no tenía sentido. Comenzó la era Tatum, la cual dejó tal huella que, veinte y treinta años después, en encuestas especializadas a músicos de jazz, Art Tatum fue señalado como el pianista más influyente de la historia. Thelonious Monk, Bud Powell, Lennie Tristano y Bill Evans, tuvieron que buscar su propio camino, muy distinto en algunos casos, para alcanzar la cima como pianistas de jazz en las décadas posteriores.

En la selección de Youtube de hoy, aparte de la obligada “The Entertainer” de Scott Joplin, tras la referencia hecha a “El Golpe”, he buscado temas fáciles de recordar, para que todos nos ubiquemos, de James P. Jonhson, el creador de “Charleston”, o una versión divertidísima del “Ain´t Misbehaving” de Fats Waller, sacada de la película “Stormy Weather” hecha por y para el público afroamericano con actores negros. El pobre Fats moriría tras el rodaje de esta peli, de una neumonía. En cuanto a Tatum, no podía ser otra que su “Tea for Two” con el que ganó la gran batalla.

photo

Javier Pérez-Nievas Montiel.

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