Kind of Blue

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En marzo y abril de 1959, Miles Davis reunió a un grupo de músicos de jazz en Manhattan, calle 30, en lo que fue una antigua iglesia armenia reconvertida en estudio para Columbia ; y en sólo dos sesiones, sin ensayos previos y prácticamente sin saber lo que iban a tocar, grabaron el disco más importante de la historia del jazz: “Kind of Blue”. En el artículo de hoy, nos centramos en lo que este disco supuso, sus protagonistas, las canciones y las historias que quedaron como parte de la leyenda, para siempre.

“Kind of Blue” es el disco de jazz más vendido de todos los tiempos. Figura en el número 12 de los 500 discos más importantes de la historia de la música moderna de la revista “Rolling Stone” ( 2003) . Fue desde su lanzamiento una revolución. Aclamado por la crítica, esta obra maestra se convirtió en una inspiración para los músicos de jazz, y no solo de jazz, de todo el mundo. Sus temas, además, gustan en general a todos por su sencillez, romanticismo, melancolía y composición melódica, por lo que es el disco más utilizado por los aficionados que comienzan a interesarse por este género musical.

Así fue en mi caso: fue el disco que me recomendó mi amigo Jose Ramón Torá -mi referente musical por su gusto y eclecticismo- hace ya unos cuantos años. “Comienza por Kind of Blue”, me dijo sin dudarlo.

¿Cómo fue esto posible este éxito? Como siempre, por una suma de factores:

El jazz modal. Miles Davis fue un genio, pero entre sus virtudes quizás su técnica en la interpretación no fuera la más importante. Creía como nadie en sus propias ideas musicales y en cómo éstas podían llegar a término, pese a los disruptivas que pudieran parecer. Desde hacía un tiempo, le interesaba el jazz modal, basado en la teoría de un músico llamado George Russell. Ésta consistía en crear las líneas melódicas y la improvisación a partir de escalas o modos, desarrolladas desde una nota dada, más que desde las sucesiones de acordes, que era la forma tradicional. De esta forma, pretendía dar a su música más naturalidad así como más libertad a la hora de improvisar ( escalas de ocho notas frente a acordes de tres o cuatro). Ya había experimentado con este jazz modal en “Milestones”, canción y disco publicado tan sólo un año antes, y que tuvo muy buenas críticas.

Los músicos no sabían lo que iban a tocar. Miles les proporcionó algunas partituras con apuntes melódicos escritos por él horas antes, junto con las indicaciones de la escala y tono, y eso fue todo. El resto, pura improvisación. En el fondo, Miles les estaba diciendo a los músicos que la canción sería suya. Miles quería, además, que se hicieran pocas tomas de cada canción, para que resaltara la frescura del primer contacto. No siempre se consiguió a la primera; parece que sólo en “Flamenco Sketches”, pero sin duda esto añadía tensión a la grabación, como veremos más adelante.

Los músicos. Otra de las grandes virtudes de Miles fue saber siempre tener consigo a los músicos que él consideraba ideales para expresar estas ideas. Desde su salida de las drogas, cuando comenzó a liderar una banda, trabajó con mucha estabilidad con grandes músicos, quizás los mejores, siempre rodeado de talento, y todos y cada uno de ellos estaban con él por algo en concreto, bien fuera por su complementariedad, por su sentido del blues o por su lirismo. Llegado al año 1959, podía decirse que contaba con una banda sólida y experimentada, todos ellos músicos excepcionales y dispuestos a aceptar este reto.

John Coltrane (saxo tenor), Cannonball Adderley (saxo alto), Paul Chambers (contrabajo) y Jimmy Cobb (Batería), veteranos ya en su formación, y el pianista jamaicano recién incorporado a la misma, Wynton Kelly. Pero por al aire que quería dar al disco, invitó también al pianista Bill Evans, que había trabajado con la banda un tiempo, también con George Russell en el pasado, y que lo había dejado para iniciar otros caminos. Bill Evans fue uno de los elementos básicos para que “Kind of Blue” llegara a ser lo que fue, y de ello hablaremos en otra ocasión. Por último, no podemos olvidar al arreglista Gil Evans, siempre apoyando a Miles y que aportó sus ideas aquí y allá, así como su orquesta para grabaciones posteriores en TV.

El sonido estéreo. En el mercado desde finales de 1957, los primeros discos en Estéreo y en Alta Fidelidad, registraron altos índices de venta, y aquellos grabados en “mono”, por muy buenas que fueran las grabaciones y los intérpretes, pasaron a un segundo plano. También destacar la labor del productor de Columbia Teo Macero, uno de los grandes.

El momento. Poco después, no sólo se había ido Bill Evans, sino que también, espoleados por el éxito, lo hicieron John Coltrane y Cannonball Adderley, para liderar sus propios grupos, y de forma definitiva. Para los amantes del jazz era por tanto la última oportunidad de escuchar a semejante conjunto. A Miles Davis, de hecho, le costó algunos años volver a tener una banda tan rompedora (con Herbie Hancock, Wayne Shorter, Ron Carter y Tony Williams) en la que las individualidades volvieran a destacar con igual fuerza. La Universidad Miles Davis, se decía por ahí.

Los temas. Merece la pena también que se mencionen expresamente los cinco temas del disco:

  • · So What
  • · Freddie Freeloader
  • · Blue in Green
  • · All Blues
  • · Flamenco Sketches

El 2 de marzo de 1959 se grabaron los tres primeros, y el 6 de abril, los dos últimos. Bill Evans estuvo al piano en todos los temas, excepto en “Freddie Freleoader”, más bluesero, y que Miles Davis quería que tocara Wynton Kelly, el recién llegado, por tener un perfil más apropiado para su ejecución.

….y las historias que quedan.

En primer lugar, sobre quién compuso qué. Con tanta improvisación, y por la popularidad que alcanzó el disco (junto con sus royalties) , enseguida salieron músicos reclamando la autoría de alguno de los temas. Hubo mucha controversia- más entre los aficionados y críticos que entre los músicos, todo hay que decirlo- en cuanto a la influencia que tuvo Bill Evans en la composición de “Blue in Green” y “Flamenco Sketches” ( de lo que hablaremos en otro artículo), o , dicen , de Paul Chambers en “So What”. Pero más allá de ellas, el contrabajista Oscar Pettiford veía muchas similitudes entre el comienzo de su “Bohemia After Dark” y el de “So What”. Pero puede decirse que en ambos casos se utiliza un recurso muy utilizado en el jazz, que es el “Call & Response” entre instrumentos, y creo que no hay que darle más importancia al asunto.

Otra, es que los editores confundieron dos de las canciones en la carátula del disco. “All Blues” pasó a ser “Flamenco Sketches”, y viceversa. Un español, no hubiera cometido ese error, pues el sonido flamenco lo tenemos claramente integrado en nuestras neuronas, pero para un anglosajón no es lo mismo. El error se corrigió en ediciones posteriores, pero dio lugar a otros equívocos. Por ejemplo, Bill Evans tocó “All Blues” en un disco suyo meses después, y volvieron a llamarlo “Flamenco Sketches” ( ¡¡y creo que era una casa discográfica distinta!!)

Luego está la historia para entendidos, y que leí por primera vez en una novela negra del noruego Jo Nesbo– su protagonista ponía este disco muchas noches, al llegar a casa- , aunque luego he tenido que investigar un poquitín para llegar a entender qué pasó. Resulta que Columbia utilizaba siempre dos grabadoras, una para el máster, y otra para la copia de seguridad. En la grabación del 2 de marzo, el magnetófono del máster iba a una velocidad menor, de manera que cuando reprodujeron las cintas a la velocidad correcta la música era algo más rápida -un cuarto de tono más aguda- que la interpretada el 6 de abril. La gente que lo percibió -por eso digo para entendidos- se preguntaba qué diantres quería transmitir Miles Davis con ello. Bueno, fue un error, que no se corrigió hasta 1994 utilizando la copia de seguridad, pero que, me imagino, haría que se multiplicara por 1.000 el valor de los discos de la edición original ( uno de los cuales, lo tendrá sin duda Jo Nesbo).

Por último, una divertida, que menciona el apuro que pasó Jimmy Cobb en la toma que todos querían que fuera la definitiva del “So What”. Resulta que Jimmy resuelve con quizás demasiada fuerza, con el platillo, el fin del dialogo inicial entre contrabajo y viento, cuando entra Miles con su solo. Tanta, que la grabación entra en saturación. Jimmy se asustó. Siguieron tocando, pero él sudaba de miedo al pensar que, con lo bien que se desarrollaba todo, tendrían que repetir cuando oyeran semejante platillazo. Pero no fue así, a todos les gustó, pues transmite una sensación de liberación cuando entra Miles. Al final, el platillazo también forma parte de esta historia. Ah!. Y Jimmy Cobb , que es el único que vive aún, llama a su banda la SO WHAT BAND!!.

En la parte musical pondría todos los temas, pero como dejamos para el capítulo de Bill Evans un par más de referencias a este disco, nos centramos en “So What” y escuchamos así el platillazo,, y el tema de Pettiford, junto con “Freddie Freloader” y “All Blues”, mi favorita.

Terminamos con una frase de Carlos Santana, para un documental sobre la grabación de este disco: ¿Cómo es posible llegar al estudio con lo mínimo, y salir con algo eterno?. ¡¡Que lo disfrutéis!!

 

photo

Javier Pérez-Nievas Montiel.

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