La historia de una gran canción: la audacia de Billy Strayhorn

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En el artículo anterior, hablábamos de canciones de jazz compuestas en tiempo record. Hoy hablaremos de una, muy especial, a la que le sucedió lo contrario: se tomó su tiempo antes de publicarse y alcanzar la fama.

Hablar de esta canción nos permitirá profundizar en cómo se conocieron sus padres: Duke Ellington, por un lado; y su arreglista, amigo, y alter ego musical, Billy Strayhorn, que es el verdadero protagonista de esta historia, por el otro. Una vez más, también, nos encontraremos con enormes casualidades que, en definitiva, son las que terminaron de hacer que esta canción se convirtiera en lo que fue: la cumbre del Swing.

Me emocionan las leyendas que nos hablan del encuentro de grandes hombres a lo largo de la historia. Rápidamente me viene a la memoria, como ejemplo, la primera cita que Tuvieron Edison y Tesla, los genios de la electricidad. El segundo era empleado del primero en Europa, y viaja a los Estados Unidos con una carta de recomendación en el bolsillo, escrita por su jefe en Inglaterra, y amigo de Edison. En esta carta, el amigo viene a decir que, a lo largo de su vida, solo había conocido a dos personas que merecieran ser destacadas sobre sus contemporáneos, una es “usted, Señor Edison; y la otra es, sin duda, …. el portador de esta carta ( Tesla)”. Bonito inicio para lo que luego fue una relación tormentosa.

El momento en que Billy, un joven pianista y compositor negro de Pittsburgh, se encuentra con el triunfante Ellington, con un trayectoria musical de gran éxito ya cercana a los quince años, refleja una audacia simpar digna de recordar.

Les presentó el hijo de un empresario local, admirador de Billy, en una de las visitas que la banda hizo por Pittsburg. Ellington hizo que Strayhorn se sentara al piano, y le pidió que le mostrara sus capacidades. Ni corto ni perezoso, Billy comenzó a tocar “Sophisticated lady”, uno de los éxitos de la banda, diciendo: “la voy a tocar exactamente como lo haría usted, Sr. Ellington”. Efectivamente, la tocó como si el mismo Duke estuviera al piano. Cuando terminó, dijo: “y ahora, le voy a enseñar cómo la tocaría yo”. Le metió nuevos acordes, la subió de tempo, y dejó una versión que le dejó perplejo.

Ellington llamó a uno de los miembros de su banda más cercanos, Harry Carney, y le pidió a Billy que repitiera lo que acababa de hacer. En un alarde de maestría, Strayhorn hizo lo mismo, pero con otro gran éxito, “Solitude”. Primero, la tocó como Ellington, y luego, como lo hubiera hecho él.

Ellington no se lo podía creer. Aún hicieron dos pruebas más con otros miembros de la banda. Se quedó prendado del chico. Y entonces llegó lo que yo llamo el momento Ellington: ¡nada de presión!. En lugar de contratarle, le invita a ayudarle con unos “lyrics”, le pide unos arreglos y, cuando llega el momento de irse de Pittsburgh, le invita a visitarle si decide dar el salto a Nueva York, como quien no quiere la cosa. Para ello, le escribe las indicaciones para llegar en metro hasta Harlem.

La verdad es que Billy podía haber optado por cualquier cosa, dada su capacidad, pero algo le hizo pensar que su opción era Ellington, así que pese a no tener contrato, ni haber sabido nada de él durante un tiempo, hizo uso de la nota con las señas del apartamento, y se fue para allá en 1939. Por el camino, se le ocurrió que podía impresionar a Duke si componía un tema basado en estas mismas indicaciones. Así se presentó en casa del músico,. Cuenta su biógrafo que ese mismo día, Duke había encargado a su manager que fuera a Pittsburg a buscarlo. Lo destaco porque para mi ese detalle tiene mucha importancia. Claro está, la canción gustó mucho, y Billy ya no salió de esa casa en varios años. Fue acogido por Duke, y se convirtió en su arreglista y gran amigo.

Pero ¿qué pasó con la canción que le presentó?. En un primer momento, no pasó de esa primera impresión, por buena que fuera. Dos años después, en 1941, Duke Ellington se encuentra con un grave problema. Las emisoras de radio se enfrentan a la Asociación Americana de Músicos Profesionales (ASCAP) por los royalties que les facturan, y deciden no programar o retransmitir conciertos con todas aquellas canciones compuestas por integrantes de esta Asociación. Duke Ellington lo era, y se encontraba en plena gira por la Costa Oeste. Un desatre. Llama urgentemente a Billy y a su hijo Mercer ( que no pertenecían a ASCAP) y que se encontraban en Chicago, y les pide que se encierren un fin de semana en un hotel a componer, y que viajen inmediatamente después a California con una lista de canciones lo suficientemente larga para que su banda pudiera continuar la gira.

Después de dos días de trabajo agotador tenían compuestas bastantes, pero no suficientes. Así que Mercer decidió recuperar aquellos borradores que habían acabado en la papelera. Se topó con uno de ellos, escrito por Billy, y le gustó. Billy lo vio, y le recordó que sí, que era una nueva versión, con un poco más de ritmo, de aquello que compuso dos años antes, con las indicaciones para llegar a Harlem. A Mercer le gustó y la rescató para llevársela a su padre.

Y de esta forma, nació para el público, días después, la canción más emblemática de todo el repertorio de Duke Ellington , de todos los tiempos:

¡¡¡¡¡“ TAKE THE A TRAIN”!!!!!

Este corte es interesante porque en la banda había grandes intérpretes, muchos de ellos casi tan famosos como el propio Duke. Y se pueden reconocer a varios en el video. Por ejemplo, el baterista es Sonny Greer. Podemos ver al gran saxo tenor Ben Webster– en la era clásica, el tercer gran saxofonista, junto con Coleman Hawkins y Lester Young- : es el que se encuentra en la ventana al lado del piano; Johnny Hodges, “Rabbit”, un saxo alto primoroso que estuvo más de cuarenta años en la Banda, es el que está entre Ben y Ellington y que, en uno de los planos, comienza a caminar hacia atrás, en el sentido del movimiento de la cámara.

El que acompaña a la cantante por su izquierda, es el enorme trompetista, “Cootie” Williams. Y la cantante creo que es Yvie Anderson. Duke Ellington al piano, claro.

Ese mismo fin de semana, Billy compuso otras dos enormes canciones, standards de muchísimo reconocimiento: “Chelsea Bridge” y “Johnny Come Lately”. Pongo a continuación una versión de la primera con un Ben Webster al que se le notaban ya los efectos del alcohol en todo, menos en la forma de tocar el saxo. Una balada maravillosa.

Y volvemos con Billy Strayhorn para terminar el artículo, como no podía ser de otra forma. Además, con toda la intención, pues en esta historia de amistad entre Ellington y Billy había algo mágico. No sólo por la casualidad del encuentro, o por la audacia que mostró Billy. Un chico negro, que nació con raquitismo, al que sus padres tardaron años en ponerle nombre por las pocas esperanzas de vida que veían en él, maltratado por su padre y hermanos, solo apoyado por su madre y unos pocos amigos; un chico homosexual que tenía un confianza total en su arte y que sólo buscaba que este arte le permitiera llevar una vida de glamour y romántica en una gran ciudad. Su trabajo durante décadas con Ellington le permitió esto mismo. Y por eso pasó. El mismo lo predijo en una de sus composiciones más admiradas “Lush Life” escrita cuando aún era un adolescente, años antes:

I used to visit all the gay places
Those come what may places
Where one relaxes on the axis
Of the wheel of life
To get the feel of life
From Jazz and Cocktails

Versioneada primorosamente por Johnny Hartman y John Coltrane (qué entrada de saxo, por Dios!!) en los 60.

Billy Straihorn murió de cáncer en el 67. Duke publicó un disco homenaje, llamado “And his mother called him Bill” y casi muere de pena con su perdida. Al fin y al cabo, era otra versión de él mismo.

photo

Javier Pérez-Nievas Montiel.

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