“Lisboa. Deprisa”

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lisboa
Atravesamos Lisboa, los cinco en un taxi. La madrugada se nos echa encima tras una jornada intensa de trabajo. Habíamos deambulado sin rumbo por el Barrio Alto. Locales cerrados y una fauna noctámbula muy distinta a la del día anterior cuando grabamos las últimas entrevistas para nuestro reportaje. Rober es uno de nuestros cámaras. Viaja junto al taxista lisboa1indicándole. Va haciendo gestos con sus manos, dibujando en el aire un mapa que representa nuestra pequeña geografía lisboeta, aprendida en apenas dos días. Un par de calles, el parking donde duerme nuestra furgoneta (la de Rober) y el recorrido de la manifestación, de Entrecampo a la Alameda. Marga, la otra cámara y yo, el plumilla del grupo, reímos. No puede ser. La escena se parece demasiado a la del taxista que quiso darnos una vuelta a Lisboa al acabar la manifestación. Nos habíamos metido en el taxi, con nuestros chalecos. Debió pensar que éramos unos pardillos porque empezó a alejarnos de nuestro hotel. Rober resoplaba y reía. Marga y yo le decíamos que éramos de una tele y debíamos enviar las imágenes. El taxista, pensaría: ¡ ya, con esa pinta!…
Pero esta vez, Rober acompasaba rítmicamente los golpes de su mano. Psss! Avenida de la República. Dereita! Elias Garcia, 87. Aquí esta, el hotel Capital. Aquí es. Es es nuestro hotel…Bueno, es pequeñito. Con un diminutivo Rober rebajaba la tensión con este segundo taxista, que incluso llegó a alabar los conocimientos de Rober sobre Lisboa. O eso al menos me pareció escuchar porque ya me había entrado la risa floja Igual que a Marga, a Montse y a Gema. Marga es la compañera de Rober y una cámara que tiene un sensor para todo lo que sucede fuera de cuadro. Montse y Gema, se han convertido en el auténtico motor diesel de esta expedición
Se bajan del taxi después de dos días sin apenas dormir. Han vuelto a maravillarnos, a orillas del Tajo o del Manzanares. Da igual. Editaron en tiempo récord varias horas de grabación sin querer despertarnos al resto.
Atrás habíamos dejado ocho horas de carretera, con un alto en el camino para saborear la tortilla que nos había preparado la madre de Marga. Otras ocho horas de grabación y otras tantas de edición. “Estábamos tan concentradas que ni nos dimos cuenta de que había amanecido” nos decía luego Montse. Cuando llegué yo, sólo quedaban lisboa2por seleccionar los totales y cincelar a golpe de final cut el principio y fin del reportaje. Lo fuimos haciendo. Avanzaba la mañana de nuestro segundo día en Lisboa, 1 de junio, fecha señalado en el calendario de un centenar de ciudades europeas. Estaban llamadas a ser el escenario de una oleada popular en contra de la Troika.
Rober y Marga habían ido a la carrera a grabar recursos de Lisboa. Nos faltaban planos de la ciudad. Corrieron, callejearon, aguardaron colas para elevadores, sortearon a los carteristas en el tranvía, subieron a lo más alto del castillo de San Jorge haciéndose pasar por estudiantes. Cualquier turista puede tener una cámara igual o mejor. Pero no poseen el don de la mirada. Eso no se compra. Rober y Marga representan al genuino cámara de tmex. Curtidos en mil batallas al servicio de la televisión pública madrileña. Han tenido que reciclarse para operar con equipos que no están preparados para el trabajo que realizan. Pero en una época de la tiranía digital, ellos y sus compañeros han conseguido suministrar  a la página de imágenes en alta definición. Tmex se ha convertido en uno de los poquitos ejemplos de máxima calidad en este sentido.
El hotel Capital fue una  recomendación de Yolanda, otra de las cámaras que participaba en el despliegue de Madrid. Un acierto. Se convirtió en nuestra atalaya sobre Lisboa.  Reconvertimos el pequeño comedor, situado en la azotea, en nuestro campo de operaciones. Montse y Gema nos darían cuenta del trajín de huéspedes que con su zumo y su cafe no acertaban a comprender qué era lo que hacían allí aquellas dos chicas. Cuando desayunaban se iban y ya no volvían nunca.  Nadie nos molestaba pero no te das cuenta del por qué, hasta que escuchas las voces entrecortadas de Rober y Marga ascendiendo los siete pisos que nos separaban lisboa3cuando regresaban de grabar recursos de Lisboa. O Gema, avisando de que el gran jefe Alcalá quería hablarnos a través de skype.  El ascensor no funcionaba. Sospechábamos que desde hace décadas. Entre medias estaban nuestras habitaciones, la 301 y la 303. El conserje le arrojaba la llave al aire a Rober antes de que éste se la pidiese. Éramos de la casa, estaba claro.
Unas horas más tarde nos dimos cuenta que la oficina del Fondo Monetario Internacional se encontraba a una manzana de nuestro hotel. Frente a ella gritaban los manifestantes antes de entonar “Grandola, vila morena”, mítica canción de la Revolución de los Claveles. Cuando la escuchas, al arrancar la manifestación, un escalofrío te recorre la espalda.
La versión de José Afonso suena por la megafonía, con esa golpe de percusión que marca el tempo como una saeta. Pero la gente termina imponiendo su coro.
Es emocionante y no puedes evitar recordar el episodio de la anoche anterior. Marco Marques, miembro de “Que se lixe a Troika”, es nuestro guía y el protagonista de nuestro reportaje. Le pregunto por Carlos Mendes, el cantante que junto a otros había protagonizado la “grandolada” lisboa4el 15 de febrero. Entonces Interrumpieron en plena Asamblea de la República al Primer Ministro Pedro Passos Coelho. Éste no tuvo más remedio que guardar silencio. Lo que no hizo uno de los clientes del bar donde Carlos actúa cada noche. Le pedimos que nos cantara la canción para el reportaje pero antes su mujer, la dueña del local, solicitó permiso a cada uno de sus clientes. Todavía es una canción que conserva su poderoso influjo y hay quien no acepta que hayan pasado 40 años desde la caída del régimen de Salazar. Un chico y su acompañante se levantaron con malos modos, haciendo ruido a su paso. Salieron del local hasta que Carlos terminó de cantarla. Al día siguiente, durante la manifestación, el propio cantante nos relataba la anécdota. Claro, que a Marga no se le había escapado aquel suceso y ya lo habíamos incorporado a nuestro anecdotario lisboeta.

Gema aguarda a que yo termine el primer falso para llevárselo. En nuestra azotea, le espera Montse con los portátiles listos para editar la primera remesa de material. Mientras, Rober, Marga y yo avanzamos con la manifestación. Llevamos seis meses en paro, tratando de desarrollar nuestro trabajo periodístico sin cortapisas junto a un puñado de compañeros. Planteándonos coberturas informativas, a veces imposibles, reportajes y entrevistas. Aquí también nos ponemos el chaleco, que nos ha distinguido en nuestra lucha en defensa de la Televisión Pública. Y se nos acercan muchos curiosos, incluso en Lisboa. Primero un españollisboa5 que nos ofrecía su casa, luego una chica que nos sometió a uno de esos photocall, digno de las estrellas. También los periodistas que integran “Que se lixe a Troika”, Nuno Santos e Irene, quieren saber de nosotros. Irene trabaja para una televisión iraní y debe llevar un pañuelo en la cabeza cuando aparece en imagen. Extraño mundo de contrastes, piensas, pero los gritos de una chica te sacan del ensimismamiento: “Anda si los de tmex están aquí”. Lo escucha Marga que me mete prisa. Hay que grabar el último falso. La manifestación de Madrid debe estar a punto de finalizar. Despachamos con un periodista de la Televisión Pública Portuguesa que se ha acercado a preguntarnos. Al parecer van a tener un destino parecido al nuestro, la calle. Suerte amigo. Subimos a un taxi. Elías García 87. Hotel Capital. Lisboa. Deprisa.

Luis Azanza

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