Los cuentos de la abuela Maravillas

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Indómitos. Los que nadan a contracorriente, los héroes silenciosos, esos personajes que pueblan nuestra ciudad y que cambian el rumbo de nuestras vidas cuando aparecen en ellas. Uno de ellos es María García, aunque en la plaza del Dos de Mayo todos la conocen como Maruja la Abuela Maravillas. María ha recuperado las fiestas populares del barrio de Las Maravillas a fuerza de pedir ayuda y colaboración por los comercios de la zona. Gracias a ella, cada 2 de febrero, los vecinos toman chocolate con churros mientras suenan las percusiones de los alumnos de la Escuela de Música Creativa. Como telón de fondo, las piedras de la plaza de los héroes de mayo sirven de improvisado tapiz a los niños que juegan con palos de hockey.

La Abuela Maravillas serpentea por entre juegos y ruidos de tambores. Llega la policía alertada por algún vecino. No pasa nada. María intercede y soluciona el problema. Ella es una autoridad en Malasaña, donde la vida también existe más allá de la noche. Aquí los vecinos han creado un periódico en internet, una feria para coleccionistas de música y también ha echado raíces el 15-M.

Como no podía ser de otro modo, María fue la primera abuela que tomó la palabra en una de sus asambleas. El motor de un helicóptero interrumpe sus palabras. Llega el rumor de la indignación desde la cercana calle Génova. La policía ha cortado la calle donde se encuentra la sede del PP. Nos despedimos de María. La Abuela Maravillas se jubila feliz porque el relevo llega a sus oídos, esta vez, como eco lejano de una nueva protesta.

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