Momentos españoles en el jazz clasico

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Cerramos por vacaciones con un blog sobre la eclosión de lo latino en el jazz de los años 60. No quedaba más remedio que dar la bienvenida al otoño avanzando un poco más, y pasar de la influencia latina, en general, a la concretamente española. Esta fue muy destacada en los últimos 50, primeros 60, aunque también hay géneros muy españoles que han formado parte del jazz desde sus inicios en Nueva Orleans.

En el blog de hoy repasaremos intérpretes y canciones con una evidente carga de nuestro país, veremos quienes fueron las principales influencias, y descubriremos que la canción española más veces interpretada fue compuesta, nada más y nada menos, que por un vasco.

GIL EVANS Y MILES DAVIS

Gil Evans (1912-1988) fue un pianista, arreglista y compositor de jazz canadiense, gran amigo de Miles y con el que colaboró en algunas ocasiones, todas muy destacadas. El cómo se conocieron es una historia que da para un artículo aparte, pero centrándonos en el asunto de hoy, decir que Gil Evans fue siempre un gran interesado en lo que se llamaba “Third Stream”, y que buscaba puntos de encuentro entre la música clásica y el jazz. En concreto, Gil ambicionaba crear y arreglar composiciones para orquestas de metal, y siempre admiró de Miles su forma de tocar la trompeta.

Cuando Miles fichó por Columbia, su productor George Avakian organizó el encuentro de estos dos amigos para la grabación de cuatro discos con música orquestada. Excepto en “Porgy and Bess”, el segundo de ellos, en los otros tres es más que perceptible la gran influencia que, sobre Gil, tenían los grandes compositores españoles del siglo XX , en especial Manuel de Falla y Joaquín Rodrigo, así como algunos géneros musicales españoles, como el bolero (danza).

El primero de los discos, llamado “Miles Ahead” (1957), incluye dos composiciones que, con claridad, evocan música española.

En primer lugar, “Blues for Pablo” es un composición de Gil Evans basada en “El Sombrero de Tres Picos” de Falla, por un lado, y en una canción popular mexicana, por el otro. La compuso para otro músico, Hal McKusick, un año antes, pero aquí la arregla de forma magistral para una “brass band” de cerca de veinte miembros que incluía cinco trompetas, tres trombones, un trombón bajo, tres trompas, una tuba, un contrabajo (Paul Chambers), un saxo alto (Lee Konitz), un clarinete bajo, dos clarinetes y un batería (Art Taylor) , aparte de Miles Davis con el fliscorno. Es un tema precioso, en el que las dos partes se fusionan a través del blues. No he encontrado ninguna referencia sobre quién era el Pablo del título, así que presumo que se tratará de Picasso, haciendo un juego de palabras con su época azul.

El otro tema español de este álbum, es “The Maids of Cadiz”, basada en un bolero del compositor francés Leo Delibes (ascendiente de nuestro escritor) , aunque Gil Evans comienza el tema citando de forma evidente primero a Rodrigo, y a continuación a Falla, con quien vuelve a través de la trompetas en más de una ocasión.

Si este primer disco de colaboración tenía aire español qué decir del tercero, llamado nada más y nada menos que “Sketches of Spain” (1960), y que fue grabado tras el famosísimo “Kind Of Blue” (1959). De aquel tomaron la idea del título, pues contaba con un tema llamado “Flamenco Sketches”, pero no e trata de un esbozo. Este disco de jazz tenía poco, pero era cien por cien español. La idea surgió tras un viaje de Miles a California, en el que el tuvo ocasión de escuchar “El Concierto de Aranjuez” de Joaquín Rodrigo y se quedó tan entusiasmado con el segundo movimiento, el famoso adagio, que lo quiso llevar a un disco. Miles decía de esta composición: “Es muy fuerte. De hecho, es tan fuerte que cuanto más suave la tocas, más fuerte se vuelve y al revés, si la tocas fuerte, la debilitas”. La pena es que al maestro Rodrigo no le gustó mucho la versión orquestada.

LOS MUSICOS FOLK: ALAN LOMAX y PETE SEEGER

Para completar el “Sketches of Spain”, cuentan que Avakian tiró de la librería musical de la casa Columbia y dio con el LP correspondiente a España de la colección Columbia World Library of Folk and Primitive Music, grabados por un etnomusicólogo llamado Alan Lomax (1915-2002). Este erudito aprovechó la “caza de brujas” del senador McCarthy para establecerse en Londres y desde allí, viajar por todo el mundo para grabar música tradicional. Italia, Inglaterra, Escocia- me encanta el título del disco de Escocia: “The Best Drinking Songs”– y España, fueron algunos de sus destinos. España fue uno de los países que más le fascinó y la recorrió de norte a sur, durante siete meses, en los primeros años 50.

Por tanto, Gil Evans no tuvo problemas para completar el disco con arreglos de temas recopilados por Lomax, como Saetas- sonando hasta el tambor de los pasos en Semana Santa y con Miles Davis “en el balcón”- , Soleás, y canciones populares gallegas (“The Pan Piper” una improvisación a partir de “La Alborada de Vigo”). Por último, basándose de nuevo en Falla, aunque esta vez en “El Amor Brujo” terminaron con “Will o’ Wisp” ( Fuego Fatuo).

Leyendo la autobiografía de Miles Davis, a uno le parecen demasiado ingenuas sus observaciones sobre la motivación que tenía para interpretar estos temas: “Los moros negros estuvieron en España por todas partes, pues los africanos la conquistaron hace mucho tiempo. En la zona andaluza encuentras una fuerte influencia africana en la música, en la arquitectura, en toda la cultura, y mucha sangre africana en la gente. Hay, pues, una cosa afronegra en la manera de sentir la música, en las gaitas y trompetas y tambores” ( “Autobiografía” Miles Davis, Quincy Troupe). No se yo lo de las gaitas, no se yo…..

Un compañero de Alan Lomax en sus primeros años como cantante y activista, fue Pete Seeger (1919-2014). Este cantante folk, compositor de canciones protesta como “Where have all the Flowers Gone” o “We Shall overcome”, y de otras tan famosas como “Turn, Turn, Turn” ( que tocaban The Byrds) o “ If I Had a Hammer” recopiló en un disco las canciones más populares usadas por la Brigada Lincoln en la Guerra Civil Española.

Una de ellas, llamada “El Quinto Regimiento” era una adaptación de la canción tradicional andaluza “El Vito”.

Pues bien, quizás motivado por el acercamiento a lo español del que había sido su compañero hasta hace poco,; seguro por la búsqueda de nuevos sonidos y de su propia espiritualidad, John Coltrane decidió incorporar “El Vito” en unos de sus discos como líder de una formación propia. El tema se tituló “Olé” (1961).

En él intervinieron dos intérpretes que le acompañaron en su etapa dorada -del 60 al 65-. Se trataba de McCoy Tyner, al piano, y Elvin Jones a la batería. También encontramos en este disco a un artista sublime, muy versátil, llamado Eric Dolphy, tocando la flauta travesera, y al apuesto Freddie Hubbard, con la trompeta. John Coltrane toca el saxo soprano, instrumento con el que empezaron a apodarle el encantador de serpientes, por razones muy obvias. Otro aspecto novedoso es la utilización de dos contrabajos, Reggie Workman y Art davis.

El tema es francamente bueno. Lo encuadro con otros interpretados por casi la misma base rítmica, y en concreto con la versión de “My Favorite Things”, temas que transmiten una de las cosas que más me gustan del jazz: la base rítmica como fuerza centrípeta que compensa la tendencia excéntrica de los solos. Creo que a esto le llaman “crear tensión”. Otra forma de sentirlo es imaginar que uno se pone a bailar la música. Yo lo imagino como un baile en círculos, donde el piano, batería y contrabajo te atan a una cuerda para que bailes rápido, pero no salgas disparado. Es gracioso que otros describen esta música como propia de derviches, ya que estos bailarines turcos bailan precisamente girando a toda velocidad.

MEXICO Y CHARLES MINGUS

Así como Gil Evans, Miles Davis y John Coltrane llegaron a la música española intectualmente, a través de los grandes compositores y discos étnicos, podemos decir que Charles Mingus conoció y sintió el flamenco en persona, a través de sus propias vivencias pendencieras en México  y no olvidemos que nació en Los Ángeles-. Pero los resultados son, en mi opinión, más auténticos y cautivadores aún. ¡Qué pena que nunca alcanzara el éxito de ventas del que disfrutaron Miles y Coltrane!

Uno de los discos de los que más orgulloso se sentía Charles Mingus era “Tijuana Moods” (1957). En este disco, uno de los temas más relevantes se llamaba “Ysabel´s Table Dance”, en homenaje a una de las personas que conoció en Tijuana, llamada Ysabel Morel y que debía ser bailarina de flamenco español . La propia Ysabel participa en la grabación del tema arrancando con castañuelas, y luego Mingus la acompaña con una melodía muy española, tocando el contrabajo con arco, mientras se va uniendo el resto de la banda. En esta banda se encontraban por vez primera Jimmy Knepper ( trombón) y Danny Richmond ( batería) que fueron compañeros inseparables del contrabajista, y de los que hablaremos otro día.

Unos años más tarde Mingus repitió en un disco más ambicioso, con un título muy chulo: “The Black Saint and the Sinner Lady” (1963) concebido como una composición para danza. En él, en las partes C y D ( el disco consta de cuatro partes), volvemos a escuchar la guitarra y un aire andaluz, integrados en una composición “avant garde”, de una fuerza simpar. Mingus era un enamorado del flamenco. Al final de su vida, cuando la ELA comenzaba a acecharle, aún tuvo un momento de gloria en el Carnegie hall cuando unas bailarinas flamencas que habían interpretado un tema suyo, le sacaron al escenario y se puso a bailar con ellas, recibiendo una gran ovación. (“Better Git it in your soul” Kim Gabbard)

CUBA Y LAS HABANERAS.

La habanera es un género musical cubano nacido en la primera mitad del siglo XIX . Dicen que proviene de los tangos flamencos españoles, mezclados con los ritmos africanos de los esclavos en Cuba. Lo cierto es que fue un ritmo de muchísimo éxito, no sólo en Cuba sino también en España y en Europa, regreso que le permitió convertirse en un género culto ( un ejemplo, La Habanera de la Ópera “Carmen” de Bizet). Es por esa razón por la que se habla de que las habaneras son un género musical “de ida y vuelta”. En España, la tradición de cantar habaneras se ha mantenido por toda la costa, desde Cantabria y País Vasco, hasta Cádiz, pasando por Cataluña y Comunidad Valenciana, y mantienen una gran popularidad.

La habanera más famosa de todos los tiempos se llama “La Paloma” y fue compuesta por un alavés, Sebastián Iradier, en 1863. Tuvo una enorme acogida en México -se enamoró de ella la esposa del Emperador Maximiliano I- , y de ahí pasó a Estados Unidos. Es una de las canciones más grabadas de la historia. Hasta Elvis Presley la canta vestido de hawaiano, bajo el título “No more”. En el jazz, la tocaron, entre otros, el gran Charlie Parker, el contrabajista Charlie Haden, y uno de los padres del jazz, el pianista Jelly Roll Morton.

Jelly Roll es el primero de los músicos de jazz de lo que se guardan grabaciones, y es realmente una figura muy importante para entender cómo nació esta música. Esto hace que cobre aún más importancia lo que del ritmo de las habaneras opinaba. Para Jelly Roll Morton el jazz necesitaba de un toque español- “spanish tinge”– para ser llamado jazz, y este toque él lo encontraba en “La Paloma”. Incluso nos cuenta que él se basó en este ritmo para componer su famoso “New Orleans’ Blues”.

LAS CAPAS DE LA HISTORIA

Releo el articulo para hacer correcciones y no puedo terminar el mismo sin sonreir y emocionarme un poco, pues me doy cuenta de que muchos de los temas musicales que he utilizado han sido también parte de la historia musical de mi propia familia, quizás de muchas familias españolas de la segunda mitad del siglo XX. Desde luego, en mi caso, la coincidencia es sorprendente, y mis hermanos y familia lo podrán corroborar.

Recuerdo a mi madre cantando “La Paloma” en la cocina de casa de Valencia y luego, más tarde, los boleros mal entonados cantados por mi hermano Santi. No se me olvida que los dos primeros discos que nuestro padres nos regalaron, una noche de Reyes, fueron el Recopilatorio azul de Los Beatles, y el “Concierto de Aranjuez”. Y qué decir de Lori, una chica norteamericana que pasó un año en casa cuando éramos unos críos, y que cantaba “Where Have all the Flowers Gone”, entonces popularizada por Joan Baez. Esta canción se convirtió en un himno para mi madre y todas las navidades, con dos copitas de más, se animaba a cantar el “Flowers”. Además, mi hermano Mikel tuvo unos años de fiel seguidor de la música republicana de la guerra civil, y me acuerdo de sus interpretaciones, con la vena del cuello a punto de explotarle. Incluso cuando mi madre falleció y organizamos un homenaje en su querida Tudela, mi hija Ana bailó la Habanera de la Ópera “Carmen” en su honor. Sin quererlo, he dejado un rastro de la historia musical de los Pérez-Nievas Montiel con este artículo..

Lo que son las cosas

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Javier Pérez-Nievas Montiel.

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