¿Qué tendrán que ver los nazis con Miles Davis y John Coltrane, pasando por Churchill?

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En el artículo de hoy, volvemos a encontrarnos con estos grandes músicos, esta vez con unos “standards”; y para hacerlo más ameno lo haremos jugando a los “personajes encadenados” – los descritos más arriba- y no sólo una sino hasta dos veces con los mismos personajes. Lo convertiremos por tanto en un camino de ida y vuelta, de la barbarie de la guerra a la música, y de la música a la barbarie de la guerra y de los campos de concentración.

El primero de los temas se titula “Bye, Bye Blackird” y fue escrito por un tal Ray Henderson, en 1926, con letra de Mort Dixon. Se convirtió en un tema muy popular en los años 30 y 40, tanto en los EE.UU. como en Gran Bretaña y en el resto de Europa, donde la popularizó la gran Josephine Baker. Parte de este éxito se debía a que su letra despertaba cierto morbo. Algunos creían entender que la despedida a la que alude la canción representaba el adiós que una prostituta daba al oscuro mundo en el que vivía, para volver a su tierra. Lo cierto es que por el tono melancólico y dulce y por su “tempo” lento era utilizado incluso como canción de cuna ( cambiando la letra, obviamente) y todo el mundo la conocía. Y aquí entran los primeros personajes: los nazis.

Con su llegada al poder en Alemania, el partido nazi había prohibido el jazz. Se sacó de la manga una serie de normas muy restrictivas relativas al tempo, la improvisación y los solos porque, en su paranoia, entendían que el jazz iba contra los valores de la raza aria. Pero como el swing no dejaba de ser una música que estaba de moda, no podían dejarla de lado completamente, así que promovieron la formación de bandas “ad-hoc. Una de estas bandas se llamaba “Charlie and his Orchestra”. Esta formación se hizo conocida, ya en guerra, por sus versiones de clásicos, adaptados a la maquinaria propagandística del Sr. Goebbles, con letras ingenuamente preparadas para desalentar al enemigo y al pueblo inglés, a través de las ondas de radio. Uno de los temas era precisamente “Bye, Bye Blackbird”, reconvertido en una parodia cantada por Winston Churchill, llamada “Bye, Bye Empire”, en la que el Primer ministro británico se lamenta de la pérdida de las colonias y de la no aparición en la guerra del ejército norteamericano. Eso sí, con un acento alemán que le delata cuando cantan por ejemplo:

I never care for you before.
Honk Kong, Burma, Singapore.
Bye, Bye Empire!
India I may lose too
Then I´ll only have the London Tube
Bye, Bye Empire!

Como podréis observar en el enlace de la misma que cuelgo a continuación.

Ya en los 50 el tema resurgió en los EE.UU, porque apareció en un par de películas de Hollywood. Y por fin llegamos al momento en que el Miles Davis Quintet la incluyó en su álbum “Round About Midnight”, grabado en el 55. La verdad es que he podido escuchar decenas de versiones de la canción. Debía ser cierto lo de que se utilizaba como canción de cuna en el Reino Unido, pues muchos de los cantantes pop británicos nacidos en los 40, como Paul McCartney, Ringo Starr, Joe Cocker o Rod Stewart la han interpretado, me imagino que con nostalgia. En mi opinión, en todas se percibe quizás en exceso el tono retro de la melodía. Pongo, por ejemplo, la de Rod aprovechando que mi amigo Eliseo, gran fan suyo, suele leer este blog.

La versión de Miles es distinta. Tras un comienzo con el piano que marca distancias, comienza Miles con la trompeta con sordina, que provoca una sensación de desamparo y tristeza. Pero detrás tenía su gran base rítmica: Paul Chambers, al contrabajo; Philly Joe Jones, a la batería; y Red Garland, al piano, que contraponen con ritmo y, sobre todo, con mucha elegancia, al gran trompetista. Después, podemos escuchar el sólo de John Coltrane, tan enérgico, y el de piano de Red, con mucho swing, antes de volver a Miles con la trompeta, y una frase final de saxo de Coltrane, evocadora de otras melodías, que encaja a la perfección. ¡Es una versión estupenda!

Lo del swing de Red Garland tiene su miga, y explico por qué. Un tipo de Youtube, ciertamente con mucho oído, comenta que el pianista cita “Pick Yourself Up – gran éxito del swing, cantado por Ginger Rogers y Fred Astaire– en un momento de su solo. He estado cotejándolo con todo lo que he podido, hasta que he dado con la versión de Ella Fitzgerald, y es sutil, pero cierto. Cuelgo también este tema y atentos al minuto 6:03 deBye, Bye…” tras escuchar los arreglos de trompeta de la canción de Ella, en el minuto 1:20.

Lo más gracioso es que Red Garland posiblemente tocara eso porque se lo había escuchado a John Coltrane minutos antes. ¡Efectivamente, el saxofonista evoca esta misma canción a partir de 4:19., y algunos instantes después! .

Vamos con el segundo tema. Se trata de una de las últimas veces que Miles y Coltrane tocaron juntos, quizás la última. Se llama “Someday My Prince Will Come” y se trata, efectivamente, de la canción que canta Blancanieves en la película de Walt Disney. El disco es del año 1961, y en el mismo la formación había cambiado mucho. Seguía Paul Chambers, pero como pianista estaba Wynton Kelly, en la batería Jimmy Cobb. John Coltrane había salido ya- aquí actúa de invitado, luego veremos por qué- y el puesto de saxo tenor lo ocupaba Hank Mobley

La portada del disco es muy representativa del carácter de Miles Davis. La chica que aparece en la portada es Frances, su mujer. Parece que es ella, en lugar de Blancanieves, la que está esperando a su príncipe. Príncipe que no puede ser otro que su marido, claro, Miles. O sea, que el tipo se lo monta para, como siempre, volver a ser el centro de atención. En su autobiografía se justifica diciendo que por la época estaba de moda poner caras de mujeres en las portadas, pero se le ve el plumero. Además, no era una canción del repertorio de Miles. Se la había escuchado a Bill Evans poco antes.

En manos de Miles, a la canción le pasa como a la primera. Desde el inicio, y luego con Miles con la trompeta con sordina, es una gran versión. Uno de las cosas de las que se hablaron en su momento fue el “baño” que le dio John Coltrane a Hank Mobley, comparando los solos de ambos con el saxo tenor. El primero es el de Hank, que se muestra como atemorizado; y el segundo, el de un Coltrane en su plenitud, que frasea de tal forma que prácticamente hace el tema suyo. Efectivamente, parece que Hank no era del gusto de Miles, que tras la marcha de Coltrane se vio obligado a contratarlo para poder salir de gira. Previamente lo había intentado con Jimmy Heath, el cual sí era de su agrado, pero Jimmy no podía salir del estado de NY por encontrarse en libertad condicional. Debía ser evidente que a Miles no le gustaba Hank, y esto hizo que el pobre saxofonista se viniera abajo. No grabó más discos con el trompetista, y vete tú a saber si el hecho de invitar a Coltrane fue una indirecta muy directa para que Mobley pensara en abandonar la formación, pues no es nada, nada habitual contar con dos saxo tenores en una misma banda. . En cualquier caso, Hank Mobley consiguió finalmente ser una primera figura en esa misma década de los 60, con un jazz más soul y funky, del que hablaremos en otro momento.

Pero volvamos al encadenamiento. Lo curioso es que la primera versión jazzística de “Someday My Prince Will Come” de la que se tiene conocimiento fue la interpretada por un grupo de músicos judíos, prisioneros en un campo de concentración nazi, Theresienstadt, en la II Guerra Mundial. La banda se llamaba “The Ghetto Swingers”, y estaba originalmente compuesta por músicos checos amateurs, a la que se fueron añadiendo otros músicos que llegaban al campo. La banda fue, de nuevo, utilizada por los nazis en un documental propagandístico para engañar al mundo sobre el trato a sus prisioneros en los campos. Tras este grabación, el campo se cerró y sus prisioneros fueron conducidos a Auschwitz. De los músicos de la banda, sobrevivieron el guitarrista Coco Schumann y el pianista Martin Roman, los demás murieron.

¿Y dónde aparece Churchill en este camino de vuelta?. Ciertamente, en ningún sitio el primer ministro británico, pero si que hay un Churchill, de nombre Frank, que fue, nada más y nada menos, que ¡el compositor de la canción!. Y que nos sirve, de rebote, para completar el juego de los personajes.

Como he puesto un enlace de los memos de los nazis, que menos que poner otro de los “Ghetto Swingers”, a los que todos tendríamos que honrar, pero no he encontrado nada. En su lugar, incluyo un precioso tema de swing cantado en “yiddish”, muy conocido, llamado “Bei mir bist du schejn” y que podría ser un buen ejemplo de jazz de origen judío, que tanta influencia tuvo en la evolución del jazz y sobre el que, quizás, hablemos en otro momento.

photo

Javier Pérez-Nievas Montiel.

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