Rudy Van Gelder, el alquimista del jazz

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Rudy Van Gelder les resultará conocido a todos aquellos que escuchan jazz con frecuencia. Te topas con su nombre cada vez que buscas un disco o un músico de jazz de los 50 o 60 en Spotify o en YouTube. Siempre figura “The Rudy Van Gelder Edition” en los discos de los clásicos. ¿Quién era este tipo, y cuál es el porqué de su omnipresencia? ¿Era músico, productor, mecenas, dueño de una casa discográfica? ¿Es que no había nadie más?

Rudy Van Gelder (1924-2016) fue un ingeniero de sonido. Posiblemente el más prolífico, importante y carismático ingeniero de sonido que ha habido en el jazz. En el artículo de hoy vamos a profundizar en la figura de este personaje. Veremos que poco hay que contar de su vida que no sea eso: las entrañas del jazz. En la década de los 50 y 60 buena parte de lo que sucedió en este género musical sucedió en casa de Rudy Van Gelder. ¡Literal!

Rudy Van Gelder fue el responsable de sonido de discos tan relevantes como el “Somethin’ Else” de Cannonball Adderley (comentado hace unas semanas en el artículo de los euro-standards), “Cookin’, Walkin’ y Relaxin'” de Miles Davis, “A Love Supreme” de John Coltrane, “Song for my father” de Horace Silver, o “Maiden Voyage” de Herbie Hancock, por citar algunos de los más de 2.000 discos que editó. Solo con Coltrane, 67 discos. Toda una proeza.

Lo más sorprendente y lo que hace que la historia tenga un valor especial es que este tipo era un aficionado. No era su profesión ser ingeniero de sonido. Él era optometrista, y trabajaba como tal con un horario laboral normal, en una pequeña ciudad del estado de New Jersey. Un día visitó un estudio de radio con unos amigos, en Filadelfia, y cuando entro en el “control” flipó y pensó para sí , con total determinación, que esa era su auténtica vocación. De pequeño ya había tenido, como radioaficionado, algún contacto con la tecnología; y además era un enamorado de la música jazz, a través primero de su tío, y luego, por las clases de trompeta que recibió durante un tiempo. Vivía relativamente cerca de Nueva York, lo que le facilitaba frecuentar los clubes de la Calle 52, y saber apreciar cómo hacían sonar sus instrumentos las grandes leyendas. Tenía el oído hecho al jazz, interés y facilidad para manejarse con la tecnología, y la visita al estudio fue el gran detonante de su vocación oculta.

Así que, y esto tiene mérito, empezó a comprar micrófonos, equipos de grabación, cintas magnetofónicas, la maquinaria para grabar los vinilos…en fin todo lo necesario, y de primerísima calidad, para tener un estudio de sonido , y se lo construyó en su propia casa. Bueno, más sorprendente aún: en casa de sus padres, en la localidad de Hackensack. El salón de la casa, que tenía un piano, era el lugar de grabación, y le ganaron unos metros a esta sala para construir y aislar el “control room”.

Rudy empezó a grabar para amigos y conocidos del vecindario, sin más ambición, hasta que un día en 1952 se juntaron los astros, o el hambre y las ganas de comer. Un músico profesional, saxo barítono, llamado Gil Mellé le presentó una maqueta de una grabación suya a Alfred Lion, cofundador y dueño del sello discográfico Blue Note, y éste se quedó prendado de un sonido tan cálido y tan cercano. Alfred Lion se dirigió al estudio de sonido con el que trabajaba y le dijo al responsable que quería un sonido como el de Gil Mellé. Este le dijo que si quería algo igual, que se dirigiera directamente al que lo había conseguido. Y así empezó una relación que duró hasta que Alfred Lion se jubiló en 1967.

Gran parte de los discos de Blue Note se grabaron en los estudios de Rudy Van Gelder. Blue Note era uno de los sellos independientes más importantes, por lo que en poco tiempo se conoció en el mundillo las habilidades de Rudy y otras casas independientes, como Prestige, Impulse, o Verve, comenzaron a contratarle. Rudy seguía grabando solo por las noches y fines de semana, así que decidió dedicar un día a cada casa discográfica. Los jueves, Prestige, los viernes, Blue Note, etc.etc. No fue hasta 1959 cuando se mudó a un estudio pensado específicamente para ser eso, un estudio, con techos altos, vigas de madera -dicen que al estilo de Lloyd Wright- en un pueblo cercano, en Englewood Cliffs. Fue llamado “La Catedral”.

¿Por qué era tan bueno Rudy?. Fundamentalmente, por dos razones. La primera, ya insinuada antes, es que era un amante del jazz y eso le permitía trabajar buscando cómo cada músico hacía sonar su instrumento. Los músicos se reconocían y les gustaba lo que escuchaban. El salón de la casa era muy pequeño, los músicos tenían que situarse codo con codo, por lo que era muy importante acercar mucho los micros a cada instrumento, dándole así ese efecto de presencia y calidez. La segunda es que Rudy controlaba todo el proceso. No sólo colocaba los micros y grababa, sino que luego mezclaba y traspasaba el sonido a los surcos de los vinilos. En otros estudios participaban varias personas y no siempre el cuidado en la grabación se correspondía con la masterización. Para Rudy esto era fundamental. Y el disco era fiel reflejo de lo que quedaba grabado. Nunca compartió sus trucos con otros, y de esa forma se ganó fama de mago, de alquimista del sonido.

Pocas veces dicen, retocaba las grabaciones. Dicen que tuvo que trabajar, compensándolo, el sonido del saxo de Sonny Rollins, en el disco “Newk´s Time” (1957) porque éste no paraba de moverse, en lugar de situar el saxo frente al micro. Otros, los menos, lo criticaban por lo contrario. Como Charles Mingus, que en una entrevista – los famosos “Blindfold Tests“ de Leonard Feather, donde los músicos invitados tenían que acertar la selección de discos que programaba el entrevistador, criticaba cómo sonaba la trompeta de Thad Jones, diciendo que no era su sonido, porque Rudy Van Gelder lo había cambiado. Vehementemente, culpaba al ingeniero de haberlo cambiado, por la forma que posicionaba al músico ante el micro, y qué lo había visto con sus propios ojos, muchas veces, para terminar diciendo que él nunca iba a permitir que el sonido de su contrabajo fuera manipulado. Mingus, como sabemos, tenía un carácter especial….y ese día ya advirtió al entrevistador de que estaba malhumorado y prefería no hacer comentarios.

Fue en Hackensack donde sucedió el célebre pique entre Thelonious Monk y Miles Davis, durante la grabación del disco “Miles Davis and The Modern Jazz Giants” (diciembre de 1954), motivado porque Miles no quería que Monk le acompañara en sus solos de trompeta. En una de las tomas de la canción “The Man I love” Monk pregunta cuándo se supone que debe entrar él, y Miles le pide a gritos a Rudy Van Gelder que meta la pregunta y la bronca en el disco, ya cabreado, con la intención de que todo el mundo se enterara.

Tan habituados estaban los músicos de jazz a grabar en este estudio que hasta Thelonious Monk compuso un tema- ya standard- llamado así, “Hackensack”.

Ya en los años 90, los propietarios de las grabaciones de Blue Note, la casa Sony, le pidieron a Rudy Van Gelder que digitalizara sus antiguas grabaciones. Esta es la razón por la que Rudy Van Gelder es tan popular hoy. Remasterizó más de 200 de los discos más importantes de Blue Note, que es casi como decir de la historia del jazz. Incluso, de la casa Capitol también le encargaron remasterizar las grabaciones del Noneto de Miles Davis “Birth of the Cool”. No es de extrañar, por tanto, que cuando uno busca un grande en Spotify se encuentre con él.

DOS DATOS MAS, PARA COLECCIONISTAS

El otro socio de Blue Note, Francis Wolff, era fotógrafo profesional, y se encargó personalmente de documentar todas las sesiones grabadas en Hackensack. Como resultado uno puede hacerse un álbum entero, y hasta una exposición, con magníficos primeros planos de Miles Davis, John Coltrane, Thelonious Monk, Sonny Rollins, Horace Silver, Max Roach, Philly Joe Jones, Percy Heath, Curtis Fuller, Thad Jones, Lee Morgan, Jimmy Smith, Hank Mobley, Kenny Burrell, Don Cherry, y un sinfín de grandes intérpretes, en pleno proceso creativo. En muchas de ellas se pueden reconocer las famosas persianas venecianas de la casa de Hackensack. Un lujo de exposición, seguro.En las fotos, desde arriba a la izquierda, y en sentido de las agujas del reloj, John Coltrane, Hank Mobley y Alfred Lion; Thelonious Monk, Miles Davis, Lee Morgan y Art Blakey.

Rudy Van Gelder firmaba sus masters en vinilo, en lo que se llama “dead wax”, que es el espacio entre la última canción de una cara, y la etiqueta central, o “galleta”. Esta firma fue variando con los años, y esto ha servido para ayudar a los coleccionistas a datar sus “incunables”. Así hasta 1957, Rudy grababa directamente RVG en el “dead wax”. A partir de 1957, comenzó a utilizar el estampado para marcar sus iniciales. En 1959, añadió “stereo” tras sus iniciales. En 1962, comenzó a escribir su apellido completo VAN GELDER, junto con la expresión “stereo”, y en 1965, dejó de utilizar este calificativo, dejando solo su apellido.En la parte musical, voy a dejaros los enlaces con asuntos que he ido comentando a lo largo del artículo. En primer lugar, la grabación con “la bronca” entre Monk y Davis, al comienzo de “The Man I Love”, de Gershwin. En la formación, además, están Percy Heath en el contrabajo, Kenny Clarke en la batería y MIlt Jackson, al vibráfono.

En segundo lugar, el compensado saxo tenor de Sonny Rollins, en este tema tan bonito, llamado “Namely You”, grabado en 1957, con Wynton Kelly al piano, Philly Joe Jones, a la batería, y Doug Watkins, al contrabajo.

Y en tercer lugar, y para finalizar, el tema “Hackensack”, de Thelonious Monk, en una versión de Kenny Burrell a la guitarra, Jimmy Smith, al Hammond B3, y Philly Joe Jones, de nuevo, en la batería

¡Que lo dsifrutéis!

photo

Javier Pérez-Nievas Montiel.

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